El primer aspecto a tener en cuenta es la estructura. Un buen currículum debe ser fácil de leer, con secciones bien definidas: datos de contacto, perfil profesional, experiencia laboral, formación académica y habilidades. No es necesario extenderse demasiado: lo ideal es que tenga una o dos páginas como máximo. La información debe presentarse de manera cronológica inversa, comenzando por los trabajos o estudios más recientes, para facilitar la lectura de quienes seleccionan personal.
En cuanto al perfil profesional, conviene incluir un breve párrafo inicial que resuma quién es la persona, a qué se dedica y qué tipo de puesto está buscando. Este espacio permite destacar fortalezas, años de experiencia o áreas de especialización, sin repetir datos que luego aparecerán desarrollados en el resto del currículum.
Uno de los puntos más importantes es el de los datos personales.
Hoy no es necesario —ni recomendable— incluir información sensible como el domicilio exacto, el número de documento, el estado civil o la fecha completa de nacimiento. Con colocar un nombre y apellido, una dirección de correo electrónico y un número de teléfono es suficiente. Si la empresa considera que el perfil es adecuado, será ella la que se comunique para solicitar más información o avanzar en el proceso de selección.
Este criterio no solo responde a una tendencia de simplificación, sino también a una cuestión de seguridad. Difundir datos personales en plataformas abiertas, bolsas de empleo o redes sociales puede exponer a las personas a estafas, robos de identidad o contactos no deseados. En los últimos años, se multiplicaron los casos de avisos laborales falsos que utilizan la información de los currículums para fines fraudulentos. Por eso, cuidar qué datos se comparten y con quién es una medida básica de prevención.
Respecto a la experiencia laboral, es importante describir brevemente las tareas realizadas y los logros alcanzados en cada puesto, evitando listas demasiado extensas.
Más que enumerar funciones, conviene destacar resultados concretos o responsabilidades relevantes. En el caso de quienes buscan su primer empleo, se pueden incluir prácticas, voluntariados, trabajos informales o proyectos académicos que demuestren habilidades y compromiso.
La formación académica debe consignarse de manera clara, indicando títulos obtenidos, instituciones y fechas. También pueden sumarse cursos, capacitaciones o certificaciones que estén vinculadas al puesto al que se aspira. En este punto, la actualización constante suele ser un valor muy apreciado por los empleadores.