Régimen del horror: A 48 años del inicio del genocidio en Camboya

El 17 de abril de 1975 sería conocido en Camboya como el comienzo del genocidio cometido por el gobierno encabezado por Pol Pot. El período de masacre, del que hoy se cumplen 48 años, fue el resultado fatal de la paranoia, los trabajos forzados, la tortura y la muerte. Como resultado, las víctimas se calculan en más de un millón y medio.

El mundo se encontraba en un contexto de Guerra Fría. Estados Unidos y la Unión Soviética competían por la expansión de sus ideales capitalistas y comunistas. Por su parte, la ideología comunista circuló velozmente por los países indochinos, entre estos, Camboya, que se encontraba en una época de tensión política.

En medio de todo este caos, surgirían los Jemeres Rojos, un grupo de intelectuales comunistas que se oponían al gobierno del entonces monarca reinante, Norodom Sihanouk, derrocado luego, en 1970, por el político Lon Nol. Tras el golpe de estado, el nuevo mandatario comenzó a perseguir brutalmente a los opositores del régimen, entre ellos los mencionados Jemeres Rojos.

Nol, con el apoyo de Estados Unidos, se declaró dictador y llevó a cabo una política pro-occidental. Esta contienda acrecentó aún más la tensión política y llevaría a su derrocamiento en 1975 a manos de los Jemeres Rojos, identificados con el Partido Comunista. Encabezados por Pol Pot, tomaron la capital Phnom Penh el 17 de abril de 1975, proclamado como “el año cero, el inicio de una nueva era”.

Su partido político, el Partido Comunista de Kampuchea, proclamó la revolución bajo las ideas del maoísmo, doctrina nombrada en honor al dictador chino Mao Zedong. Los camboyanos los recibieron con entusiasmo al pensar que ese sería el final de la guerra. Pero la realidad sería otra.

El comienzo del régimen de los Jemeres Rojos


Desde 1975, el suelo de Camboya se tiñó de sangre, horror y muerte: sería el inicio de una de las peores dictaduras del siglo XX y del genocidio de casi una cuarta parte de la población del territorio.

El día en que los Jemeres entraron a la capital Phnom Penh evacuaron la ciudad hacia el campo con el pretexto de un bombardeo estadounidense. Muchas personas murieron de extenuación en la marcha hacia el campo. Otros, por los trabajos forzados de una jornada laboral que solía durar más de doce horas.

El partido, bajo una interpretación extrema del comunismo, buscaba la ruralización total de los ciudadanos y eliminar cualquier elemento que consideran símbolo del capitalismo. El pueblo debía ser campesino y analfabeto. Las bibliotecas y los vehículos fueron quemados.

Además, todos los funcionarios del anterior gobierno encontrados fueron ejecutados. También los militares, profesores, médicos, abogados o cualquier profesional. Incluso, a las personas que llevaban lentes, por supuestamente estar relacionados con lo intelectual. Por supuesto se prohibió la propiedad privada, los mercados y las religiones.

Las consecuencias del régimen Genocidio Camboya


Cualquier acto considerado ilegal, por más pequeño que fuera, se castigaba con la muerte. En este contexto de desconfianza general, muchos ciudadanos y funcionarios se acusaron arbitrariamente de ser enemigos del gobierno. Su destino era voluble: o bien eran ejecutados inmediatamente o llevados a centros de detenciones y torturas donde eran posteriormente ejecutados. Entre estos, el campo de detención más conocido es S-21, donde fueron detenidas 14.000 y sobrevivieron tan solo cinco

El terror terminaría en 1979, cuando las tropas vietnamitas invadieron el país y hallaron los restos de los encerrados, previamente ejecutados. Los líderes políticos y dirigentes de las prisiones habían huido.

El 15 de abril de 1998 Pol Pot, quien encabezaba a los Jemeres Rojos, murió de un ataque al corazón, sin haber pisado nunca un prisión. Otras versiones, sin embargo, aseguran que lo asesinaron los miembros de su propio partido, quienes se volvieron en su contra luego de una serie de purgas políticas.

Recién en 2009, 30 años después, comenzarían los juicios contra el régimen. El primer juzgado fue Kaing Guek Eav, alias Duch, que confesó sus crímenes. Eav fue el director del S-21, donde actualmente se erige el Museo de los Crímenes Genocidas Tuol Sleng. Resultó condenado a 35 años de prisión y consecutivamente, a cadena perpetua.

Le seguiría Nuon Chea, segundo al mando del régimen, acusado de crímenes contra la humanidad y condenado en 2014 a cadena perpetua. Por último, Khieu Samphan, sucesor de Pol Pot y sentenciado al mismo destino. Sin embargo, otros miembros del régimen como Ieng Sary y su esposa Ieng Thirith murieron sin recibir condena.

El genocidio camboyano causó estupor en los medios de comunicación internacionales, siendo uno de los fatídicos símbolos de un siglo sangriento. Por su parte, la ONU (Organización de las Naciones Unidas) recién declararía la matanza como un genocidio en el 2018.

Escrito por Paula Belloni
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