La importancia del arbolado urbano en verano: un aliado clave frente al calor

Durante los meses de verano, las altas temperaturas impactan de forma directa en la vida cotidiana de las ciudades, y en ese contexto, el arbolado urbano cumple un rol fundamental que muchas veces pasa desapercibido: mitigar el calor, mejorar la calidad ambiental y aportar bienestar a la población. La presencia de árboles en calles, plazas y espacios públicos no solo embellece el entorno, sino que se convierte en una herramienta clave para enfrentar las olas de calor cada vez más frecuentes.

Uno de los aportes más importantes del arbolado urbano en verano es la regulación térmica. Los árboles brindan sombra natural que reduce de manera significativa la temperatura del suelo, las veredas y las construcciones. A través de la evapotranspiración —el proceso por el cual liberan vapor de agua—, ayudan a refrescar el ambiente y a disminuir el efecto conocido como “isla de calor urbano”, fenómeno que provoca que las ciudades sean más calurosas que las zonas rurales circundantes.

Además, los árboles urbanos contribuyen a mejorar la calidad del aire. Durante el verano, cuando el uso de vehículos y sistemas de refrigeración se intensifica, la contaminación puede aumentar. El arbolado actúa como un filtro natural, capturando partículas contaminantes y produciendo oxígeno, lo que resulta clave para la salud respiratoria, especialmente en personas mayores, niños y quienes padecen enfermedades crónicas.

El impacto positivo del arbolado urbano también se extiende al ahorro energético.

Las calles y viviendas con buena cobertura vegetal requieren menos uso de aire acondicionado, ya que la sombra reduce el calentamiento de fachadas y superficies. Esto no solo disminuye el consumo eléctrico durante los picos de calor, sino que también alivia la presión sobre los sistemas energéticos en los meses más críticos del año.

Desde una perspectiva social, los árboles favorecen el uso del espacio público en verano. Plazas arboladas, veredas con sombra y corredores verdes permiten que las personas puedan circular, descansar o realizar actividades al aire libre sin exponerse de manera directa al sol. Esto mejora la calidad de vida urbana y promueve hábitos más saludables, incluso en jornadas de altas temperaturas.

El arbolado urbano también cumple un rol clave en la gestión del agua. Durante las lluvias intensas del verano, las raíces de los árboles ayudan a absorber el agua y a reducir la escorrentía superficial, disminuyendo el riesgo de anegamientos. Al mismo tiempo, protegen el suelo de la erosión y contribuyen al equilibrio de los ecosistemas urbanos.

Cuidar y ampliar el arbolado en las ciudades requiere planificación, mantenimiento y conciencia colectiva. La elección de especies adecuadas, la poda responsable y la protección de los árboles existentes son acciones indispensables para garantizar sus beneficios a largo plazo. En un contexto de veranos cada vez más extremos, el arbolado urbano se consolida como un aliado estratégico para construir ciudades más frescas, saludables y resilientes.

Escrito por Desde Matanza

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