Una garúa suave trajo un alivio parcial en el norte de Chubut, donde dos focos de incendios forestales terminaron unificándose y ya arrasaron con alrededor de 40 mil hectáreas de bosques. Aunque el descenso de la temperatura permitió ralentizar el avance de las llamas, la situación continúa siendo crítica y las autoridades mantienen el alerta máxima por la persistencia de múltiples frentes activos.
El aporte de agua fue leve, pero suficiente para generar una pausa en la dinámica del fuego. Según se informó, la garúa ayudó a bajar algunos grados la temperatura ambiente, lo que incidió en una menor velocidad de propagación. Sin embargo, el incendio sigue activo y no está controlado, con focos que se reavivan en distintos puntos del área afectada.
Brigadistas que trabajan en la zona advirtieron que el panorama sigue siendo muy complejo. En ese sentido, fueron categóricos al señalar que “sólo las lluvias que se esperan para abril podrán detener el avance del fuego”. La frase resume el nivel de preocupación de quienes están en la primera línea del combate contra las llamas y da cuenta de la dependencia casi total de las condiciones climáticas para lograr un cambio de escenario.
Mientras tanto, los equipos continúan desplegados para contener los frentes más peligrosos y evitar que el fuego siga avanzando sobre nuevas superficies de bosque. La unificación de los dos incendios iniciales complicó las tareas, ya que amplió el perímetro afectado y multiplicó los puntos críticos que deben ser monitoreados de forma constante.
El norte de Chubut atraviesa así uno de los episodios más graves en materia de incendios forestales de los últimos tiempos.
Las 40 mil hectáreas quemadas reflejan la magnitud del desastre ambiental, con consecuencias que no sólo impactan en el ecosistema, sino también en las comunidades cercanas y en quienes trabajan desde hace semanas para frenar el fuego.
Las autoridades insisten en que, pese al alivio momentáneo que trajo la garúa, no se trata de una solución definitiva. El alerta máxima se mantiene precisamente porque las condiciones siguen siendo inestables y cualquier cambio en el viento o un aumento de la temperatura podría reactivar con fuerza los frentes que hoy parecen más contenidos.
En este contexto, la expectativa está puesta en la llegada de lluvias más intensas y sostenidas. De acuerdo con lo expresado por los brigadistas, recién las precipitaciones previstas para abril podrían marcar un punto de inflexión real y permitir detener el avance del incendio. Hasta entonces, el operativo continúa en máxima tensión, con un escenario que sigue siendo frágil y altamente dependiente del clima.