Buenos tardes a todos, todas y todes, y buen comienzo de semana. Sí, otra semana más en este mundo inquieto que tantas noticias nos da, pero tantos dolores de cabeza nos generan. Bueno, no empecemos de manera negativa. ¡Vamos con buena onda!
Bienvenides a la primera columna de la sección de género. En Desde Matanza, creemos que te debíamos un espacio para pensar, analizar y cuestionar la realidad para aportar a la construcción de una sociedad un poquito más igualitaria en temas de género y diversidades. Sí, vamos a ir de a poco, pasito a pasito. ¿Ya viste todo lo que avanzamos? Aún queda mucho.
De Mal -a peor- Fama
En el día de ayer, las redes sociales explotaron al ritmo de #MalaFamaEnfermo luego de viralizarse un video publicado por representante de la influencer María “La Chabona” Palacios en Instagram. En el contenido, ella explicó que estaba almorzando un guiso junto con Hernán Coronel, líder del grupo de cumbia Mala Fama.
En la toma en que se muestra a Coronel, el mismo tiene la mano debajo de la remera de una menor, quien además es su nieta. Repentinamente saca la mano y agrega: “El guiso va con torta frita”.
El repudio no tardó en llegar. Los usuarios de Instagram y Twitter arremetieron contra el cantante no sólo por el lugar en el que tenía su mano. Sino también por la expresión de la niña, quien se veía incómoda con la situación.
La naturalización del hecho llegó por parte de quien publicó. Cristian Manzanelli, representante de “La Chabona”, respondió a las criticas de su video antes de eliminarlo. “Por dios, chicos, es su abuelo. ¿Qué dicen? Estamos comienzo un guiso en familia, es una vergüenza lo que quieren hacer ustedes”, escribió.
A pesar de ser una réplica poco convincente para los usuarios, Manzanelli agregó: “Por favor, voy a tomar nota de cada Instagram. Una vergüenza estos comentarios. Estamos todos acá trabajando y comiendo”. ¿Por qué se defendió de esa manera y borró el vídeo si realmente piensa eso? ¿Por qué amenazó con tomar nota de cada cuenta que critica el video?
El espacio público alterado
Para empezar, te traemos una publicación que estuvo dando vueltas en las redes. En su cuenta de Instagram, la politóloga Flor Freijo compartió el video de una agresión machista callejera. El hecho ocurrió el 1 de abril en la estación de tren Howth Junction, de la ciudad de Dublín en Irlanda.
En el contenido se ve a un tren parado en la estación, en la cual los pasajeros y las pasajeras bajaban y subían con normalidad. Sin embargo, un grupo de jóvenes que ya habían bajado del tren y estaban caminando por el andén comenzaron a intimidar y golpear a las mujeres a su paso.
Ellas corrían para subir al transporte estacionado a punto de seguir su recorrido. Algunas padecieron el acoso verbal y físico, y otra recibió una patada en la cara. Repentinamente, una pasajera caminó apurada y luego de ser intimidada perdió el equilibrio y cayó en el hueco que se genera entre el tren y el andén.
¿Con qué necesidad hacen estas cosas? Hablemos en presente porque, así como esto pasó en Irlanda, ¿quién sabe en qué otras partes del mundo está pasando ahora mismo? No hace falta cruzar el charco…
Trasfondo cultural sociedad machista
Por sobre la bronca, el rencor y la amargura que generan estas situaciones, hay un trasfondo que tenemos que profundizar y reflexionar. A esto mismo hace referencia Flor Freijo cuando explica que “las mujeres desde muy chicas aprendemos que el espacio público no nos pertenece, pero lo que los varones no registran es que hay algo del orden del trauma que revivimos con cada piropo o chiste en la vía pública”.
De esta manera, la politóloga feminista empieza a enumerar una serie de situaciones micromachistas. Éstas son las que nos generan una suerte de viaje hacia la caja de los recuerdos a partir de la cual las mujeres volvemos a encarnar sentimientos de experiencias pasadas. Y es a través de estas memorias en las que conectamos con el maltrato simbólico, psicológico y físico que padecimos y seguimos padeciendo.
Y este caso que se difundió en redes sociales es tan solo uno que expone una forma de interpretar la realidad interiorizada por siglos y siglos en todo el mundo y que, con pequeños cambios, se está alterando. ¿Cómo nos damos cuenta de este proceso de cambio? Es simple. Si no lo estuviéramos atravesando, no estaríamos cuestionando lo que cuestionamos en esta nota.
De habitus a hábitos machistas sociedad machista
Para el sociólogo francés Pierre Bourdieu, los seres humanos, humanas y humanes formamos parte de una dinámica de aprendizaje particular. Ésta genera la internalización de determinadas prácticas y formas de interpretar nuestra cotidianeidad. A esto mismo lo llama Habitus y lo caracteriza como la reproducción de un sistema de valores, prácticas y denominaciones simbólicas que se adquieren de manera natural.
Cuando algo se asimila como natural quiere decir que permanece inconsciente, en un lugar de nuestros conocimientos acumulados en el que todo lo que está ahí está bien. Es así y no se lo cuestiona. ¿Por qué? Porque se lo considera “normal”.
De esta manera, podemos pensar infinidad de ejemplos. Desde el café de todas las mañanas hasta el tradicional acto de dejar al hombre de la casa que haga el asado y la mujer la ensalada como si fueran roles inalterables. Dejo una hoja en blanco para que completes con más de estas ideas.
Pero lo que se presenta como peligroso dentro de toda esta teoría necesaria es que el habitus puede estar cargado de violencia simbólica. De hecho, lo está. No vamos a dar más vueltas. Todo lo que cuestionamos en torno a la desigualdad de género en todas sus expresiones tiene base en el habitus asimilado por toda la sociedad. Éste indica lo que es ser mujer, lo que tiene que hacer una mujer y cómo tiene que reaccionar una mujer. De aquí la tan cuestionada deslegitimación de la mujer en el espacio público, entendiendo esto como la calle, un trabajo, un puesto político y un sinfín de etcéteras.
Machismo y la mar en coche sociedad machista
Las chicas que estaban intentando tomar un tren en la estación de Irlanda padecieron las consecuencias de un habitus machista y cargado de violencias contra las mujeres. Se nota en las caras de los atacantes, en sus expresiones y formas de actuar la manera en que naturalizan sus agresiones. No las asumieron y se fueron caminando por el andén como si nada pasara luego de ver caer el cuerpo de una pasajera en las vías del tren.
Hay una suerte de entendimiento común en estos varones que salen de escena con su violencia, bicicletas y la mar en coche por la estación.
En el siglo XX, las familias adineradas que podían tomarse vacaciones lo hacían con sus coches hacia el destino de la costa para veranear con vistas al mar. Lo hacían como regla general de clase social, incuestionable. Tranquilxs, todo normal.
Esta es la misma actitud que adopta una persona con habitus machista, que sale del tren, agrede, lastima y hiere. Luego, se autoproclama en el espacio que cree que nunca será por completo de la mujer. Espera el coche a la salida del tren. Va a ver el mar de la satisfacción de haber cumplido con su mandato. Se va, pero no sin antes destrozar la estima de la mujer que busca cambiar la realidad.
Es momento de repensar. ¿Qué características tiene el habitus que asimilamos como natural? Esta situación que se difundió en las redes sociales no debe hacernos creer que es un hecho alejado. En nuestro país, en las esquinas del conurbano y en nuestras calles matanceras, pueden darse situaciones semejantes. De hecho, ocurren.
No creas todo lo que dicen, dicen. Pero vamos a cambiar el verbo: no creas todo lo que crees. ¿Lo intentamos?
Dejamos buenas ideas para pensar en la semana. La próxima prometo traerte más. ¡Gracias por haber llegado hasta acá! Tu tiempo es importante, ¡gracias!
Que tengas una semana diversa, de género feliz y de amor genuino por dar y recibir.
Te mando un abrazo.