Si bien se impuso socialmente durante años que el único fin de la mujer es ser madres y criar a sus hijos, la maternidad no es un camino de rosas. Implica responsabilidad, preparación psicológica y consecuencias físicas, comenzando por el post parto, también llamado puerperio. Obviamente, estos dolores e incomodidades no quitan que se trate de uno de los mejores momentos de sus vidas para muchas de ellas. Pero la romantización que se hace del post parto está muy lejos de la realidad.
En primer lugar, una de las molestias a las que debe enfrentarse la mujer puérpera son los entuertos. Se trata de espasmos que causan dolores similares a los menstruales o a las contracciones cuyo objetivo es que el útero vuelva a su tamaño normal, anterior al parto. Suelen ser más frecuentes mientras el bebé está tomando el pecho y más fuertes en aquellas mujeres que dieron a luz más de una vez. Asimismo, se presentan secreciones uterinas denominadas loquios.
Además, si el parto fue por medio de una cesárea o se realizó una episiotomía, suele ser doloroso caminar, sentarse, e incluso toser y estornudar, hasta que los puntos cicatricen. También es posible que aparezcan hemorroides, estreñimiento e incontinencia urinaria, éstas últimas producto de la distención de los músculos al dar a luz
Si bien se suele considerar amamantar al bebé como un acto intuitivo y rodeado de cierta mística, no siempre es fácil. El niño puede presentar complicaciones para comer correctamente o con frecuencia duelen las mamas. Esto suele desencadenar angustia y frustración en la mujer. Los sentimientos negativos se refuerzan porque hay un mandato social que no está pudiendo cumplir. Además, es posible que otras personas expresen sus opiniones sin comprender las dificultades o elecciones de la madre
Los procesos psicológicos post parto
El doctor australiano Oscar Serrallach afirma que en esta etapa es frecuente encontrarse con el “desgaste postnatal”, término que desarrolla en su libro La cura contra el desgaste postnatal. Lo define como “una suma de síntomas que afectan a todas las facetas de la vida de una madre después de dar a luz”. Sus orígenes están en causas fisiológicas, cambios hormonales y la interrupción del ciclo circadiano del sueño, sumado a cuestiones psicológicas, mentales y emocionales. El médico resalta que la presión ejercida sobre la mujer para ejercer su rol de manera perfecta no ayuda al alivio de los síntomas. Por eso, las madres deben recibir apoyo emocional y social cuando lo requieran.
En cuanto a los sentimientos de angustia, la mujer puede sentir, además, irritabilidad, melancolía, pena y ansiedad. A esto se lo denomina tristeza postparto y suele desaparecer en algunas semanas. Normalmente se lo relaciona con los cambios hormonales y corporales, así como también con los emocionales propios del proceso de adaptación. Si la duración es más prolongada, se habla de depresión postparto. Si bien hay una idealización del nacimiento de los hijos y la norma social no admite estos sentimientos negativos, estos episodios son frecuentes.
Como si todo lo mencionado fuera poco, las mujeres deben enfrentarse a la mirada ajena sobre su cuerpo y sienten la presión de “recuperarlo”. Debido a ello, muchas no se alimentan de manera acorde al proceso físico por el que están pasando con el objetivo de adelgazar. Además, los ideales sociales dan imágenes irreales, resaltando a aquellas flacas y volviendo a sus actividades a días de tener a sus hijos. Otra vez, los estándares de belleza se cuelan en todas las etapas de la vida de las mujeres, incluso en una de tanta vulnerabilidad el puerperio.