Hace menos de 40 años que en Argentina nos familiarizamos con el divorcio. Hoy estamos acostumbrados a que los matrimonios no duren toda la vida y hay una ley que ampara la disolución de las parejas. La Ley de divorcio vincular, número 23.515, se sancionó el 3 de junio de 1987 y se promulgó el 8 del mismo mes. Sin embargo, esta legislación dividió aguas, al igual que sucedió con la del matrimonio igualitario, y, más recientemente, con la de la interrupción legal del embarazo.
Esta ley significó también una importante conquista para el movimiento feminista y sus organizaciones de la época, como la Multisectorial de Mujeres. Este fue uno de los primeros pasos para la liberación femenina, y las mujeres separadas de su pareja fueron siendo progresivamente aceptadas en la sociedad. Hoy en día, la estigmatización es prácticamente nula, y el divorcio no es sinónimo de espanto.
Hasta ese momento la separación de bienes era legal, pero ninguno de los cónyuges podía volver a contraer matrimonio. Por eso, muchas parejas viajaban a otros países para casarse en segundas nupcias. El grupo musical Suéter hizo alusión a esto en su canción de 1985 Vía México, una de las más recordadas de la banda. “No, no puedo casarme con vos / Porque, ay, yo ya estoy casado / Y no existe separación legal. / Casémonos vía México, / casémonos vía México, Paraguay”, entonaba el vocalista Miguel Zabaleta.
Divisiones políticas y eclesiásticas Ley de divorcio
El diputado de la UCR José Bielicki presentó el proyecto de ley durante la presidencia del también radical Raúl Alfonsín. El país estaba transitando el primer gobierno democrático luego de la dictadura militar, y los aires de progreso se hacían sentir. Sin embargo, no todo el radicalismo tenía los mismos sentimientos respecto al divorcio. Bielicki fue parte de la minoría de la UCR que se encontraba a favor de este cambio. La mayor parte estaba en contra, ya que Hipólito Yrigoyen, uno de los fundadores del partido, se había proclamado en oposición
Mientras tanto, la iglesia también se encontraba frente a una encrucijada. El obispo de Morón, Justo Oscar Laguna, por ejemplo, expresó que los católicos debían cumplir con contraer un matrimonio que dure toda la vida, pero que no se podía imponer esto al resto de la población. Por otro lado, se organizó una movilización multitudinaria desde Luján hasta Plaza de Mayo. Su lema era “la familia es garantía y esperanza en nuestra patria”, y el principal organizador fue el obispo de Mercedes, Emilio Ogñenovich. Además, algunos obispos amenazaron con negarles la comunión a los legisladores que voten a favor.
La división también se hizo presente en los debates previos a la votación. El diputado del bloque 17 de Octubre Alberto Medina, por ejemplo, había asegurado que el divorcio aumentaba la delincuencia juvenil. El radical Carlos Spina, por otro lado, declaró que era católico apostólico romano, pero que esta ley no era “herética ni apostática”. En la Cámara baja hubo 177 votos a favor y 35 en contra, y luego el Senado la aprobó con modificaciones. Por eso tuvo que regresar a la Cámara de Diputados, que finalmente la convirtió en ley e hizo que desde hace 34 años vivamos en un país un poco más justo.
Escrito por Florencia Daneri
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