Pocos oficios son tan incomprendidos e invisibilizados como los ejercidos por los llamados payamédicos. Sin embargo, incluso pese a la inesperada pandemia, estos profesionales se encuentran más activos que nunca, de maneras virtuales, o en funciones al aire libre. La meta es, pues, el acompañamiento pedagógico más objetivo y dinámico en estos contextos traumáticos.
A través del arte escénico y los juegos, y mediante la famosa técnica del clown, (la cual proviene del teatro), los payamédicos se dedican a entretener a pacientes con afecciones graves. Dentro de estas se encuentran, por supuesto, los distintos tipos de cáncer.
Siendo un contexto tan duro, el desafío se centra en no perder al personaje en medio de todo el acto. Sumado a este hecho, sus funciones -en su mayor parte no pagas- movilizan todo tipo de recursos y personas. El éxito de la práctica permitió la creación de numerosos centros de formación para desarrollar la técnica.
Fue hace 18 años cuando el psiquiatra José Pellucchi, quien notó los efectos positivos de la risa en la mente humana- fundó la organización civil sin fines de lucro “payamédicos”. Aparte de conglomerar a al menos 7000 profesionales argentinos y mil chilenos, se dedica a la capacitación de los interesados. Dentro de la didáctica para lograr la especialización en el ejercicio de la payamedicina, se encuentran la filosofía y la psicología.
Asimismo, múltiples investigaciones actuales han concluido en los beneficios de la risa en la mente y el cuerpo. Entre estos están la reducción del estrés y la prevención de futuros problemas cardiovasculares.
Los payaterapéuticos y la construcción de sonrisas
Para los profesionales integrantes de la iniciativa “Payaluciérnagas”, la pandemia no fue ningún impedimento para brindar alegría. Sus actividades prosiguieron, especialmente, a través de la creación y difusión de videos editados.
A juicio de Micaela Porcel, docente y payaso terapéutico, recurrente del proyecto comunitario “Semillas al Viento”, el ejercer este rol significa “llevar un momento diferente de alegría y color” y, sobre todo, “sacar a la persona del momento que está pasando, tanto la familia, paciente o persona que nos reciba”
“Buscamos sacar el niño interior que todos tenemos guardado, socializando con la situación que presenta la persona con la que interactuamos”, revela Porcel.
Debido a la imposibilidad de llegar a los hospitales u otros lugares donde fueran convocados, los organizadores tuvieron que buscar otras maneras de compartir su trabajo. Pero para ellos vale la pena con tal de regalar al menos un minuto de pura calidez y alegría.
A su juicio, su transformación sucede cuando uno logra ponerse en el lugar del otro, a través de la empatía. “A través de la empatía podemos tener otra mirada de las situaciones que nos rodean, ya que vivimos en una sociedad de lo ‘correcto’ y no cuesta ver que no existe la perfección. Pero el payaso terapéutico siempre es imperfecto, espontáneo, y tiene mucha imaginación”, reflexiona.
En esta interacción tan dinámica donde las emociones se ven exaltadas, para ella, ser payaterapeuta es “compartir esa alegría con alguien que lo necesita o que se olvidó que hay momentos para poder disfrutar sanamente riendo o cambiando por un momento la situación”
“Es muy lindo poder ser parte de ese cambio en alguna persona que realmente lo necesite, te hará sentir con el alma llena muy feliz y muy completa como persona”
Un agradecimiento a todos los realizadores miembros de la productora Tras foco producciones, que fueron excelentes camaradas y magistrales en todos los demas aspectos.
Sin ustedes, esta nota no seria una realidad.
Escrito por Paula Belloni
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