La Confederación General del Trabajo (CGT) convocó para este jueves a las 15 a una masiva marcha a Plaza de Mayo en rechazo a la reforma laboral impulsada por el Gobierno. La protesta contará además con un paro nacional de la Asociación Trabajadores del Estado (ATE), que anunció su adhesión a la jornada de lucha en defensa de los derechos laborales. El clima previo a la movilización está marcado por una fuerte tensión, luego de que ayer se registraran episodios de represión y de que el Ejecutivo confirmara que aplicará el protocolo antipiquetes durante la manifestación.
En la antesala de la marcha, desde ATE enviaron un mensaje directo a la nueva ministra de Seguridad, Alejandra Monteoliva, en el que advirtieron que el protocolo antipiquetes “no podrá ser aplicado” debido a la masividad prevista para la movilización. Desde el gremio de estatales señalaron que la convocatoria tendrá una amplia participación de trabajadores de distintos sectores, lo que, según plantearon, vuelve impracticable cualquier intento de restringir la protesta en el espacio público. Pese a esa advertencia, el Gobierno ratificó que avanzará con la aplicación del protocolo.
La movilización se desarrolla en un contexto de fuerte debate político y sindical por el contenido de la reforma laboral, que comenzó a discutirse en el Congreso. Este jueves, a partir de las 9, se retoma el tratamiento de la iniciativa en comisiones del Senado, un punto que explica en parte la decisión de la CGT de reforzar la protesta callejera con una demostración de fuerza frente al Parlamento y la Casa Rosada.
En ese marco, las autoridades de la CGT —Jorge Sola, Cristian Jerónimo y Octavio Argüello— recibieron esta semana en la sede de Azopardo a legisladores del espacio Primero La Patria.
El encuentro tuvo como objetivo coordinar acciones frente al debate parlamentario de la reforma laboral y analizar estrategias conjuntas para incidir en el tratamiento del proyecto. Según trascendió, la reunión se enfocó en el impacto que la iniciativa podría tener sobre las condiciones de trabajo y los derechos adquiridos.
Desde la central obrera sostienen que la reforma laboral implica un retroceso en materia de protección para los trabajadores y advierten sobre posibles consecuencias en términos de estabilidad laboral. Por ese motivo, la CGT busca articular acciones tanto en la calle como en el Congreso, con el respaldo de bloques legislativos que comparten su postura crítica frente al proyecto oficial.
La adhesión de ATE al paro nacional refuerza la magnitud de la protesta y anticipa una jornada de alta conflictividad. El gremio de estatales decidió profundizar su rechazo no solo a la reforma laboral, sino también a la política de seguridad del Gobierno, especialmente tras los hechos de represión registrados en la jornada previa. Ese antecedente incrementó la preocupación de las organizaciones sindicales por el desarrollo de la movilización.
Con la Plaza de Mayo como epicentro, la marcha de la CGT se perfila como una de las principales expresiones de rechazo sindical a la reforma laboral. Mientras el debate avanza en el Senado, el conflicto se traslada a las calles, con un escenario marcado por la masividad de la convocatoria, el paro de estatales y la decisión oficial de aplicar el protocolo antipiquetes en un contexto de creciente tensión social.