Un día como hoy pero de 1976, la Argentina padeció uno de los momentos más oscuros y tristemente memorables de su historia. Los comandantes de la Junta Militar, Jorge Videla, Emilio Massera y Orlando Agosti se apoderaron del país y decretaron el Proceso de Reorganización Nacional. Este período se caracterizó por el abuso absoluto de los derechos humanos a través de secuestros, torturas, apropiaciones de identidad, muertes, robos de persona y prohibiciones de todo tipo de libertad de expresión. Mujer Dictadura
Hasta el día de hoy todavía hay muchos secretos y datos sobre la dictadura que no están del todo claros. Sin embargo, existen testigos y víctimas que se encargan de mantener presentes los recuerdos de un pasado argentino cruel que ellos mismos padecieron durante 2.756 días. Muchas de esas víctimas fueron mujeres, pero ¿en qué proporción?
Según los cuadros estadísticos brindados por la secretaría de Derechos Humanos de la Nación, 2.235 mujeres fueron víctimas de desaparición forzada durante la última dictadura argentina. La mayoría de las afectadas tenían entre 20 y 24 años de edad. Además, 335 de los casos eran mujeres embarazadas, de los cuales 230 de sus bebés robados todavía no tienen una identificación de su identidad.
Testimonios de mujeres la dictadura
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Durante esos días de cautiverio muchas sufrieron todo tipo de violencia: verbal, psicológica, física y sexual. Así lo expresaron en primera persona las mujeres secuestradas entre 1976 a 1979, en sus testimonios en el Juicio a las Juntas Militares. Uno de ellos es el de Ana María Careaga, sobreviviente del centro clandestino Club Atlético, que relató: “Me dijeron que me desnudara, yo lo hice sin resistencia y después me llevaron a una sala que ellos -los militares- llamaban “el quirófano”, donde había una mesa y un colchón de goma pluma húmedo. Ahí me acostaron y me hicieron abrir de piernas, me ataron los tobillos y las muñecas y me comenzaron a torturar con picana eléctrica”. Las sensaciones de Ana María en ese calvario sólo eran fuertes “ganas de morir”.
Por otro lado, otra víctima de secuestro y aberrantes tratos fue Adriana Calvo de Laborde. El 4 de febrero de 1977, la mujer quedó detenida, junto a su marido, por diez civiles. En ese momento, ella estaba en su casa con su niño de 1 año y embarazada de 6 meses.
Durante el Juicio, de Laborde declaró detalladamente el momento que dio a luz a su beba: “El 15 de abril comenzó mi trabajo de parto a las siete u ocho de la noche. Era mi tercer hijo asique yo sabía que sería muy rápido. Luego me subieron a un patrullero con los ojos vendados y las manos atadas a la espalda. Les pedí por favor que me lleven a un hospital que ya nacía mi bebé y no me decían nada solo se reían. Por fin logré sacarme la ropa interior para que naciera, les gritaba pero íbamos a toda velocidad y ahí nació mi beba bien. Era muy chiquita, quedo colgando del cordón, se cayó del asiento y yo pero a por favor que me la alcancen y no lo hicieron. Yo seguía con mis ojos vendados”.
Finalmente, Calvo termino su relato con la promesa que hizo luego de su parto traumático. “Si mi hija y yo vivíamos, iba a luchar el restos de mis días porque se hiciera justicia”, expresó.
Asimismo, Iris Pereyra de Avellaneda, quien fue detenida con su hijo de 15 años y trasladados a la comisaría de Villa Martelli, contó: “Me llevaron a una habitación chiquita. Ahí me ataron la mano y la pierna izquierda y fui torturada terriblemente con una picana. Después me hicieron levantar la remera y bajar los pantalones y hecha agua por el cuerpo y me picanearon por las axilas, pechos, la boca y los genitales”.
Estas historias reales, contadas desde el llanto, la angustia, la impotencia y con miles de recuerdos horribles en la mente, reflejaron mucho más que todas las encuestas que luego se pudieron hacer. Demuestran el cautiverio que debieron vivir las cientos de mujeres detenidas y desaparecidas y el crudo cometido al que debieron limitarse: sobrevivir.
Escrito por Lucía Ortiz
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