Almafuerte, su historia y legado

El 13 de mayo de 1854 nacía, en La Matanza, Pedro Bonifacio Palacios, más conocido por su seudónimo “Almafuerte”. En conmemoración de su natalicio, se celebra al escritor bonaerense. Enfrentado a la adversidad, con un seudónimo que reflejaba su valentina y postura ante la vida, Almafuerte se arraigó en la memoria popular. Almafuerte historia 

 

Un recorrido por su vida Almafuerte historia

Pedro Bonifacio Palacios sufrió de muy joven la muerte de su madre, Jacinta Rodríguez. Posteriormente, fue abandonado por su padre, Vicente Palacios. Con tan solo 16 años ya ejercía la docencia en La Piedad y Balvanera. Poco después, se traslada a Chacabuco para trabajar siendo preceptor de una escuela del lugar, de la cual más tarde sería destituido por no poseer un título habilitante para el cargo. Allí, en 1884 conoce a Domingo Faustino Sarmiento. Algunas versiones creen que es destituido de su cargo debido a que algunos de sus poemas eran muy críticos para con el gobierno de este último. Esto convertía a Palacios en blanco de persecución, como a tantos otros. En cada pueblo en el que trabajaba lo conocían como alguien apasionado con lo que hacía, una persona que no complacía a los caudillos locales.  

En 1887, Palacios ingresa como periodista al diario El Pueblo. Durante su vida profesional dentro de dicho diario, y de otros como El Progreso, utilizó varios seudónimos. En estos firmaba como Isaías, Juvenal, Platón, Job, Bonifacio, entre otros. En 1892 aparece una de sus primeras obras bajo el seudónimo “Almafuerte”, este es un poema que él mismo le envía a Bartolomé Mitre. La posterior publicación de dicha obra comienza a abrir el camino de Palacios y su prestigio entra en una curva ascendente.  

 

Más sobre su historia Almafuerte historia

Sin embargo, en 1898 el poeta comienza a sobrevivir con unos pocos ingresos, en unas condiciones poco favorables. Contrariamente a lo que se puede llegar a pensar, las circunstancias de Almafuerte no le impedían seguir siendo solidario. A pesar de su mala racha económica, Palacios adopta a los hermanos Gismanos, quienes cuidarían de él hasta el último día de su vida. Su situación económica se ve mejorada recién en 1913 cuando comienza a leer sus obras en el interior del país y en el Odeón (teatro). 

En cuanto a su vida política, en 1890 apoya a la Unión Cívica. Luego, reconociendo también su influencia, apoya a Avellaneda. Posteriormente, comienza a militar en el partido Provincialista Bonaerense. En cierto punto, se rehusaba a ejercer la actividad política, porque entendía que vivir de los impuestos de otros no era algo ético. 

El 28 de febrero de 1927, Almafuerte fallece en La Plata a la edad de 62 años. La casa platense, donde vivió sus últimos años, actualmente es un museo en el cual conviven sus fotografías, manuscritos, dibujos, pinturas, etc. 

Las obras de Almafuerte Almafuerte historia

Dentro del mundo de la literatura y poesía, los escritos de Almafuerte se destacan por la forma en la que este escritor lograba expresar sus pensamientos a través de sus versos. Almafuerte escribió “La sombría de la patria”, “Llagas proféticas”, “Apostrofe”, “Milongas clásicas”, “Tremolo”, “En el abismo”, “Lamentaciones”, “Siete sonetos medicinales” y el “Piu Avanti”, entre otras. 

El legado de Almafuerte lo convirtió en una figura crucial para la cultura nacional, en general, y matancera, en particular. Por su forma de educar, por sus valores, por las enseñanzas de sus poesías, varias instituciones educativas de nuestro partido han adquirido el nombre de este escritor como propio. 

 

 

Más de su arte

Varios poemas de Almafuerte resultan ser hoy en día un refugio ante tantos actos de atropellos y situaciones de confusión. En medio de la pandemia del Coronavirus que afecta al mundo, quisieramos rescatar algunas partes de “Piu Avanti” que dice: 

“No te des por vencido, ni aún vencido,

no te sientas esclavo, ni aún esclavo;

trémulo de pavor, piénsate bravo,

y acomete feroz, ya mal herido.

 

Ten el tesón del clavo enmohecido

que ya viejo y ruin, vuelve a ser clavo;

no la cobarde estupidez del pavo

que amaina su plumaje al primer ruido.

 

Procede como Dios que nunca llora;

o como Lucifer, que nunca reza;

o como el robledal, cuya grandeza

necesita del agua, y no la implora…

 

Que muerda y vocifere vengadora,

ya rodando en el polvo, tu cabeza!”

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Escrito por Guadalupe Mercado

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