En el marco de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático 2021 (CMNUCC) , se debatió sobre el futuro de la industria de la moda y su sostenibilidad. COP26 moda
El debate sobre la emergencia climática abordó temas como: terminar con el consumo de carbón, la deforestación, vehículos eléctricos y ayudar económicamente a los países menos desarrollados. Aún así, un tema que tuvo poca relevancia fue el impacto medioambiental que tiene la industria de la moda en el mundo, siendo esta la segunda más contaminante.
Una de las primeras en alzar la voz fue Stella McCartney, diseñadora e hija del ex Beatle, Paul MacCartney, quien hace años se dedica a investigar e implementar la sustentabilidad dentro de su rubro. Esta vez habló sobre el daño ambiental que genera producir ropa hecha con animales y el gasto innecesario de textiles. También se refirió a los cambios inmediatos que debe realizar el fast fashion (moda rápida) para seguir subsistiendo a largo plazo. “Quiero mostrarle a mi industria que se puede tener un modelo de negocio trabajando de una manera más limpia y sostenible. No tienes que matar y no tienes que talar las selvas tropicales, y puedes tener un bolso hermoso, atractivo, bien diseñado y duradero. Estoy aquí para demostrar que aún puedes ganar dinero“, dijo la diseñadora inglesa en el Cop 26.
¿Qué es la moda rápida/ Fast Fashion? COP26 moda
Con los años los textiles se empobrecieron en pos de un modelo de consumo que exige que los tiempos de las colecciones sean más rápidos. Otoño/invierno primavera/verano comenzaron a ser las temporadas fijas, pero en paralelo, nacieron otras intermedias. Esto genera sobreproducción, por ende, se utilizan textiles más económicos para poder hacerlo, como por ejemplo el plástico. Al ser más baratos y de poca calidad, son menos duraderos y descartables, lo que daña enormemente el ecosistema, ya que tardan mucho años en degradarse.
Prohibido olvidar COP26 moda
En el año 2013 el edificio Rana Plaza, ubicado en Savar, Bangladesh, se derrumbó matando a 1.138 personas. El mismo funcionaba como fábrica de ropa, donde hombres, mujeres y niños (sobre todo los dos últimos), cosían para treinta marcas internacionales. El lugar quedó sumido entre maniquíes, perchas y etiquetas de marcas como Primark, El Corte Inglés, Mango, entre otras. Esta situación dejó en evidencia la falta de ética, la precarización laboral y un sistema de producción que ya no va más.
A partir de entonces nació el movimiento global Fashion Revolution, que realiza campañas para la reforma y transparencia de la industria de la moda. En Argentina existe una réplica de la misma organización que se ocupa de tratar todos estos temas y pide por leyes que responsabilicen a las marcas por su impacto ambiental. Igualmente se describen como “un gran colectivo de personas que trabaja para hacer de la moda un lugar más sano”, y pretenden desarrollar una estrategia federal multidisciplinaria que permita llevar al movimiento por todo el país.
Escrito por Florencia Toranzo
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