¡Buenas tardes a todas, todos y todes! ¡Buen comienzo de semana! Llegamos a la última de junio con buenas noticias: #CupoLaboralTransEsLey
En esta oportunidad vamos a hablar de una (muy) buena y una mala. Empezamos por la mala para reflexionar y celebrar la buena.
El mes de junio es el mes del orgullo. Tiene una historia con principios, valores y, sobre todo, orgullo. Sin embargo, diversas empresas abusan del concepto para implementar estrategias de ventas. A esta estrategia se la conoce como Pinkwashing y consiste en adherir a una lucha social con fines económicos.
Y, en los hechos, a nivel nacional e internacional, se observa un doble discurso empresarial que, con el objetivo de venta, se olvida de incluir a la población trans en puestos laborales formales.
Pero -aquí llega la buena nueva-, en nuestro país, se aprobó la ley de cupo laboral trans y, ahora, las empresas no tendrán excusas.
El arcoíris mes del orgullo
El mes del orgullo tienen origen en el 28 de junio de 1969 en Nueva York, cuando gays, lesbianas, bisexuales y trans se enfrentaron con la policía que intentaba reprimirles. Este hecho quedó registrado como la revuelta del bar Stonewall.
En ese entonces la aceptación no estaba en el manual de convivencia y mucho menos en el de las fuerzas de seguridad. Por lo tanto, los acosos eran, lamentablemente, recurrentes. Hasta que un día el cansancio colmó el vaso de paciencia y la última gota hizo estallar la resistencia.
Desde entonces, el movimiento de liberación sexual fue encabezado por diversos activistas que participaron de las manifestaciones siguientes. El 28 de junio de 1970 se realizó la primera marcha del orgullo.
En suma, en 1990, la Organización Mundial de la Salud (OMS) eliminó la homosexualidad de su lista de enfermedades mentales. Y, en junio de 2018, modificó la clasificación de la transexualidad, ya que pasó de ser considerada un trastorno a una condición relacionada con la salud sexual.
De esta forma, los hechos se fueron encauzando de la misma manera que se unen los ocho colores de la bandera del movimiento. Su significado implica la diversidad e inclusión. También hace referencia a la sexualidad como derecho humano. Son los colores los que forman el arcoíris. Ese mismo que al mirarlo no es posible distinguir su punto final.

Un poco de pink
Pasemos al ámbito laboral. ¿Qué ocurre con los colores arcoíris? ¿Qué valores respetan las organizaciones? Nos atrevemos a decir que son muy pocas las que realmente adoptan el orgullo como parte de la cultura organizacional. Sin embargo, muchas de las que no son orgullosas abusan de los colores para obtener beneficios económicos.
La historia no es nueva. Hace unos años surgió la figura del Pinkwashing. Esta significa “lavado de imagen en rosa” y fue un concepto creado por la organización BCA. Su nombre completo es Breast Cancer Action (BCA) y se dedica a la concientización sobre el cáncer de mama.
BCA lanzó una denuncia, en 1992, que refería al uso del lazo rosado que simboliza la lucha. En ese entonces, muchas empresas lo utilizaban para posicionarse mejor frente al mercado y así vender más productos mientras se alineaba, de manera ficticia con la causa.
Lo mismo ocurrió durante todo el mes de junio con respecto al orgullo. ¿Cuántas empresas notaste que cambiaron el color de fondo de su logo por el arcoíris? Desde las grandes y medianas empresas hasta redes sociales de uso diario. ¿Realmente es una cuestión de valores o es una estrategia meramente comercial?
Del dicho al hecho hay un largo trecho
La primera Encuesta sobre Población Trans realizada por el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos (INDEC) y el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADi) dieron resultados alarmantes en nuestro país. El 80% de la población trans padece la informalidad laboral. Las actividades están vinculadas a la prostitución y otras de poca estabilidad. Además, siete de cada diez personas trans buscan otra fuente de ingreso y ocho de cada diez declararon que su identidad les dificulta esa la búsqueda de empleo.
En este contexto, las empresas internacionales generan campañas que incluyen mensajes de apoyo al movimiento LGBTQ+. Pero no siempre se refleja en los hechos. Un ejemplo de esto es Booking, la compañía de hospedaje y turismo, que carga con un doble discurso. En 2016, la actual presidenta, Gillian Tans manifestó en una conferencia que buscaban innovar su producción incluyendo personal de diferentes orígenes, culturas y experiencias para mejorar los productos.
Sin embargo, en plena pandemia por el coronavirus, Booking anunció que redujo su planta despidiendo a más de 4 mil empleados en todo el mundo. Por lo que, la diversidad fue absorbida por las expectativas de ganancia. No importa el discurso, importa el dinero.
Y es que todo tiene una explicación. En Estados Unidos, el poder de compra de las personas que se identifican LGBTQ+ es equivalente a 917 millones de dólares, según la investigación de Witeck Comunications. Esto demuestra que hay un desesperado interés por alcanzar a ese abanico de clientes. Y, para esto, vale todo, en cualquier parte del mundo.
Resignificación conceptual mes del orgullo
Lo que hay detrás del doble discurso es la resignificación conceptual de la cultura dominante. Hace casi 200 años, el filósofo Antonio Gramsci describió este proceso. Para él, la hegemonía es el modo en que un ente poderoso se gana el consentimiento de los individuos para lograr sus objetivos. Esto mismo es lo que hace la cultura dominante que tiene una ideología económica capitalista.

Para lograr adquirir ganancias, la hegemonía adapta aquellos aspectos de la cultura que la cuestionan. De esta forma, le da otro significado, resignifica, y vuelve a situarlo en la sociedad para ganar el consentimiento. Esto mismo pasa con el Pinckwashing. Mientras que un sector de la población lucha por la inclusión laboral, las empresas toman ese reclamo para dar mensajes inclusivos y tener más clientes.
Es así como prima el afán de dinero. Pero estas estrategias quedan al descubierto cuando los puestos laborales en estas organizaciones no son ocupados por diversidades. ¿Cómo está nuestro país en materia laboral?
#Es ley mes del orgullo
En nuestro país, ya estamos en camino para mejorar estas cuestiones. En el mismo mes del orgullo convertimos en la ley al cupo laboral trans. Tras su sanción, la administración pública deberá contratar personas travestis, transexuales y transgénero en una proporción no inferior al 1%.
Para los proyectos autogestivos, el Estado brindará apoyo económico. Y, en el sector privado, se otorgarán incentivos para que se haga valer este mismo derecho.
Actualmente, 9 de cada 10 personas travestis y trans no cuentan con un trabajo registrado y quedan a la deriva de la violencia institucional y el deterioro de su salud. Es por eso que las políticas públicas tienen el poder de asistir a los sectores vulnerables y promover mejores condiciones de vida. Porque nadie tiene que ser intimado a dejar a un lado el orgullo de pertenecer. Ya sea, un movimiento, comunidad o nación.
Como siempre decimos, queda mucho por hacer. Pero ya estamos haciendo. Resta que, cada une desde su ligar, empiece a mirar y apreciar al otre con ojos inclusivos.
Pero, también, tener ojos críticos para observar las publicidades que dicen ser innovadoras. El doble discurso atrapa, pero de los dichos al hecho, hay un largo trecho. No seamos iguales a estas organizaciones.
Dejamos buenas ideas para pensar en la semana. Para la próxima, prometemos más
¡Gracias por haber llegado hasta acá! Sé que tu tiempo es importante.
Que tengas una semana diversa, de género feliz y de amor genuino por dar y recibir. Te mando un abrazo.
#GéneroBajoLupa: La columna de Luciana Prachas
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