Seguridad de la Información. Las redes sociales se han convertido en algo fundamental en la vida cotidiana, pero pocas veces nos sentamos a pensar que implica su uso. En La Matanza, el área de Comunicación Comunitaria de la Municipalidad trabaja desde el año 2018 en la concientización de prácticas seguras y saludables frente a las pantallas que nos rodean.
Juan Cruz Marín es el coordinador de este espacio que funciona dentro de la Subsecretaría de Derechos Humanos y ha llevado a cabo charlas de debate y foros sobre esta problemática junto a distintos organismos y especialistas de la materia.
En un municipio donde la principal problemática relacionada con este tema es que los pibes cuenten con las herramientas para acceder al mundo digital, nuestro desafío es doble, porque desde el momento cero, esas conductas tienen que ser sanas. Y la no familiarización con esas herramientas hace que se realice una mala utilización.
Nos gusta pensar estas propuestas de manera interdisciplinaria. No alcanza con la mirada de periodistas o comunicadores. Por eso había que armar un foro con forma de observatorio, donde se mezcle la mirada específicamente judicial, que puede aportar un abogado o abogada, especialistas en comunicación digital y referentes históricos del territorio de La Matanza.

Como la mayoría de las áreas de la subsecretaría, lo encaramos desde dos perspectivas: la de la promoción y la de la protección. La protección siempre es lo más urgente. Intentamos detectar casos junto a la comunidad educativa y tratamos de poner a disposición la asesoría legal de los abogados del área, como la DDI especializada en crímenes cibernéticos.. Parece invisibilizada pero es una problemática que le pega de lleno a los jóvenes del distrito. Como adultos estamos obligados a familiarizarnos con términos como grooming, ciberbullying, phishing, etcétera.
En principio, lo primero que nos preocupa es la integridad física y psicológica de los pibes. El daño que se puede hacer desde una red social es subestimado pero tiene consecuencias terribles para la socialización de los más chicos. Ahora bien, la viralización de contenido sin permiso o el phishing (que es básicamente una estafa) nos obligan a enseñarles a los pibes que la seguridad no es solamente contraseñas largas y con mayúsculas, sino prácticas conscientes y sostenidas en el tiempo sobre con quién, para qué y cómo nos vinculamos con otras personas en las plataformas digitales, ya sea una red social, un juego o la caja de comentarios de YouTube.
Es muy fácil pensar que el derecho a la información implica solo el derecho a recibirla y que a lo sumo ésta sea de calidad. Por ejemplo: una buena fuente, una buena redacción, a tiempo… Ahora, casi tan importante como eso, es el derecho a generarla. La posibilidad, la herramienta, la conectividad, el tiempo, la panza llena para poder hacerlo. Cuando pensamos en el derecho a producirla, tenemos que pensarlo de manera integral. Me refiero a políticas públicas que piensen en los medios locales, en el financiamiento de proyectos barriales, donde la tensión circule alrededor de los problemas del día a día, del barrio. Y para que esto sea posible, los pibes tienen que conocer a que se enfrentan o que implica compartir su información personal. Nos gusta iniciar las charlas en las escuelas preguntando si las redes sociales son gratuitas. Los más osados nos contestan que no porque hay que pagar el internet. Pero nuestro laburo va a estar completo, cuando un pibe conteste que cada minuto en una red social se paga con información, convirtiéndose en un target objetivo para las marcas.
Escrito por Rocío Cabrera
Más notas en Política