COLUMNA #PolíticaDeManual
Las arduas negociaciones domésticas en torno al acuerdo de refinanciación de deuda suscripto entre la presidencia y el Fondo Monetario Internacional (FMI) firmaron ayer su última página con la aprobación del proyecto de ley en el Senado. Su saldo político marca a fuego al gobierno de Alberto Fernández, que enfrenta la importante división interna provocada por la separación del kirchnerismo duro. Con casi dos años de gestión por delante, la administración sopesa sus posibilidades en un momento bisagra.
Una holgada mayoría constituida por 56 votos afirmativos, 13 negativos y 3 abstenciones terminó de sellar anoche el resultado que hacía horas se preveía en la cámara alta del Congreso, responsable de otorgarle la media sanción restante al Programa de Facilidades Extendidas contraído con el organismo financiero. El quórum se alcanzó con el acompañamiento de Juntos por el Cambio, que aportó 32 sufragios positivos y uno en blanco; así como de cuatro senadores independientes que dieron su veredicto favorable.
Del otro lado, fue el Frente de Todos el que brindó, además de 20 votos afirmativos, los restantes 13 negativos y 2 abstenciones. Así, en total 15 legisladores oficialistas no apoyaron el proyecto enviado por Fernández y el ministro de Economía Martín Guzmán. La parcialidad disidente responde al kirchnerismo duro referenciado en la vicepresidenta Cristina Kirchner, quien prácticamente no bajó al recinto el jueves. El rechazo inaugura de hecho una era bipartita en la coalición de gobierno.
Luz verde al acuerdo con el FMI en el Senado
Ya las negociaciones previas a cada sesión habían allanado el camino para aprobar el acuerdo con el FMI en el Congreso. La sanción estaba asegurada tras el cómodo trayecto por Diputados, que solo agitó las aguas en su paso por comisiones. Por todo esto, era sabido que la iniciativa no encontraría obstáculos esta semana; el tema del día, en todo caso, no era el qué sino el cómo.
“Si fuera por mí votaría que no, desde las tripas, pero hay que votar el mal menor en esta situación… Es como elegir entre la guillotina y la horca”, sintetizó en su exposición el senador Alberto Weretilneck, un legislador tradicionalmente aliado al gobierno que ayer se inclinó por la horca. La imagen resume la ambigüedad de los veredictos oficialistas favorables: acompañar el proyecto “con la nariz tapada”, como numerosos diputados mencionaban hace siete días.
Mas ayer casi medio Frente de Todos eligió la guillotina y se opuso al acuerdo. Se trata de la bancada más estrechamente ligada a La Cámpora y el kirchnerismo duro, liderada en el Senado por Kirchner como titular de la cámara. De esa manera se diseñó el cómo: luz verde pero cancha marcada para el presidente Fernández, sobre quien recae la tarea de mantener unida una coalición que, excepto un pequeño puñado de oportunidades, jamás se había dividido en el Congreso.
Partido partido: el nuevo Frente de Todos
De las diez horas que se extendió la discusión en el Senado, Kirchner redondeó poco más de treinta minutos al frente de la sesión. La vicepresidenta pasó el tiempo restante en su despacho, reacondicionado luego de la pedrada que recibió durante el debate en Diputados la semana pasada; allí se reunió con referentes de la bancada oficialista para apuntalar los pormenores de la estrategia legislativa. Tampoco volvió al recinto para la votación.
El kirchnerismo había anticipado un gesto político similar en la cámara baja el último jueves, cuando el diputado Máximo Kirchner, hijo de la exmandataria, decidió no ocupar su banca en toda la sesión y solo bajó al hemiciclo a último momento para expresar su veredicto negativo. Junto al exjefe de bloque, otros 40 legisladores del Frente de Todos rechazaron el acuerdo con el FMI o se abstuvieron aquella madrugada.
La ausencia deliberada de las dos mayores caras del kirchnerismo en sus correspondientes sesiones parlamentarias manifiesta la división interna que aqueja al oficialismo. El escindido espacio político tiene peso en ambas cámaras del Congreso de la mano de la familia Kirchner y otros referentes de importancia. Sin embargo, su influencia también alcanza ampliamente al poder Ejecutivo, donde destacan figuras como el ministro de Interior Eduardo “Wado” de Pedro y otros funcionarios vinculados a La Cámpora.
Como última nota, el alejamiento del kirchnerismo también quedó patentado en una actitud que el gobierno dejó trascender pese a parecer anecdótica. Tras la agresión contra la oficina de la exmandataria, este jueves la portavoz presidencial Gabriela Cerruti reveló que Alberto Fernández intentó llamar a Kirchner para dialogar sobre lo sucedido pero no obtuvo respuesta. Probablemente sea solo un desencuentro más, atado a la apretada agenda que maneja una vicepresidenta, pero el hecho sorprende por la confirmación oficial.
Acuerdo con el FMI: ¿qué pasa después del Senado?
A este punto, tras intensas semanas de discusión en el plano doméstico que se cerraron finalmente anoche en el Senado, apenas si queda lugar al pie de la página para recordar que este no es el fin de la novela del acuerdo con el FMI: aún resta la otra cara de la negociación, de carácter internacional, en la que el gobierno argentino precisa el apoyo de los países miembro del organismo financiero, con Estados Unidos a la cabeza, para sellar el Programa de Facilidades Extendidas.
La “deadline” es el próximo martes 22 de marzo, día en que el Estado nacional tiene pautado un enorme vencimiento de deuda con el Fondo. La suma debida, que ronda los 2.800 millones de dólares, resulta por demás inalcanzable para las arcas de la Argentina, que entraría en default ante la imposibilidad de pago. De allí la urgencia del gobierno para conseguir el aval legislativo en el Congreso y luego cerrar la deliberación internacional.
Dicho esto, la administración de Fernández confía en tener garantizado a esta altura el visto bueno extranjero. A propósito de ello, en las últimas horas se refirió al caso el vocero del FMI Gerry Rice, quien adelantó que el directorio del organismo que dirige Kristalina Georgieva evaluará el programa una vez el Congreso argentino lo haya sancionado, con fecha tentativa el lunes.
Además, el funcionario señaló que el Fondo “no hace comentarios sobre la política doméstica argentina”. No obstante, agregó: “Creemos que un amplio apoyo político y social sería fundamental para el éxito del programa económico”. No sin calores, el Senado cerró el acuerdo anoche. Ahora el gobierno espera que el acompañamiento de la oposición logre eclipsar las divisiones internas a los ojos del FMI.
#PolíticaDeManual: La columna de Manuel Román
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