Walter Fresco: A un mes de su partida

Ayer, 17 de noviembre, día del militante, se cumplió un mes de la noche en la que partió Walter Fresco. Además, pasó exactamente un mes del día de la lealtad peronista. Sus compañeros más allegados sostienen que no es una casualidad que haya coincidido con su paso a la inmortalidad. “Nos hiciste juntarnos hoy porque no podíamos marchar” susurraban algunos de sus compañeros cuando fueron a despedirlo.

Walter Fresco nació rodeado de la política matancera, y empezó a militar a los 14 años en una unidad básica de Virrey del Pino. Se formó como profesor de historia, y ejerció su profesión con el misma pasión que llevo su vida como militante. “Nunca sacó la pata del barro. Él que fue profesor enseñaba que hay que amar a los demás como a uno mismo. Pero no desde la teoría. Lo enseñaba con lo que hacía.” Explicó Andrea, su compañera de vida, con un lagrimón rebelde que quería escaparse de sus ojos.

Todas las personas a las que Desde Matanza consultó, sostuvieron que Walter era “un compañerazo”. Además, ninguna dejó de defender todos los pasos que él daba para ayudar a quienes más lo necesitaban. “No podías seguirle el ritmo. Ahora entiendo que es porque tenía poco tiempo y tenía que terminar su obra antes de irse”, sostuvo Andrea. Según explica ella, Walter tenía en su vida tatuada la frase de Leonardo Favio: -soy peronista, porque no se puede ser feliz en soledad-. 

De Buenos Aires a Santiago

Walter formaba parte de una organización nacional por medio de la cual ayudaba a personas de la provincia de Santiago del Estero. Él decía que se sentía parte de esa provincia porque de allí viene su ascendencia. Andrea cuenta que hay muchos comedores del lugar con los que él colaboraba que serán rebautizados en honor a su labor como militante, su compromiso con ellos y su trabajo en la sociedad. “Comprometido al extremo con la realidad de los barrios” explicó Teresa, una de sus amigas de la vida, con la que compartió de música, charlas y visiones políticas.

“Nunca te podías enojar con él, porque aunque pensaras distinto, querías escucharlo. Sabía hablarte”, aseguró. Según lo que ella cuenta, él hacía honor al cargo de docente que ocupó durante tantos años en la última escuela de La Matanza, la n°60 de Virrey del Pino. Además, Teresa, como varios de sus allegados, hizo hincapié en que a Walter le gustaba la buena mesa, la del diálogo, la que se acompaña con un asado o con un guiso de arroz. Sin importar qué comieran, era “compartir la mesa y velar por los más necesitados”, según afirman. “Era el ejemplo del militante matancero, del compromiso extremo. Eso nunca se lo dije.” finalizó Teresa.

Muchos dirigentes lamentaron su partida. Incluyendo a María Reigada, la senadora provincial y dirigente de SUTEBA, que sostuvo que  despedir a Walter Fresco, “es hacer un recorrido por tantos tiempos políticos compartidos. Muy difícil pensar que no te volveremos a ver”. Por otro lado, María Laura Ramírez, diputada provincial por el Frente de Todos, también lamentó  su fallecimiento en redes sociales.

Transformar la angustia de la pérdida

Hace un mes, por un breve momento, el nombre de Walter Fresco no significó unión, compañerismo y fuerza. Significó que muchos de sus compañeros, amigos y familiares se levantaran un 17 de octubre con el temblor de la pérdida. Algunos que hace mucho tiempo no se reunían, se sintieron unidos. No sólo por el dolor que implica perder a un amigo y compañero, sino que también por lo que implica enfrentar su ausencia.

Transformaron la angustia en ideas para homenajear a su querido compañero. Así, la lágrima se convirtió en acción y Walter volvió a significar unión, compañerismo y fuerza para sus allegados. Surgió la idea de pintar un mural, en Virrey del Pino, al lado de la escuela 120 donde los chicos juegan a la pelota y comparten momentos recreativos. “Un argentino que nunca dudó dice, porque la seguridad que transmitía y la fe, era lo que más lo caracterizaba a él”, explicó Andrea, haciendo referencia a la frase que acompaña a la imagen de Walter tocando la guitarra en el mural.

Se reunieron como se reunían un día como ayer, un 17 de noviembre extraño, en la que muchos de sus compañeros no están, y se hacen extrañar. En una realidad que hasta el año pasado, parecía inverosímil, se encontraban ayer marchando con el eco de sus cantos y su afecto en cada paso. “Hace un mes se fue al comando celestial” explicó Andrea y respiró profundo. “Sé que él hubiera querido que sigamos militando, que estemos unidos. Era alguien muy solidario, buscaba la unión más allá de las diferencias entre compañeros.”

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