La efeméride se celebra porque 74 años atrás Eva Perón proclamó los “Derechos de la Ancianidad”. El 28 de agosto de 1948 Eva Perón leyó una serie de derechos para las persona mayores que serían incluidos en la Reforma Constitucional de 1949. Frente a la sede del Ministerio de Trabajo, “Evita” puso en manos del presidente de la Nación Juan Domingo Perón el Decálogo que enumeraba una serie de garantías. El 18 de noviembre del mismo año, fueron proclamados por el Tercer Periodo de Sesiones de la Tercera Comisión de la Asamblea General de las Naciones Unidas.
El documento abarcaba diversos derechos como a la Asistencia, a la Vivienda, a la Alimentación, al Vestido, al Cuidado de la Salud Física y la Salud Moral, al Esparcimiento, al Trabajo, a la Expansión y al Respeto. Argentina fue pionera en brindarle derechos a los mayores de edad. Esto generó que el resto de los países del mundo comiencen a atender con más profundidad esta temática y se preocupen por el rol social de la tercera edad.

No obstante, la ancianidad ya no tiene la misma connotación que hace años atrás. Hoy en día, no significa volverse sedentario, ya que las personas mayores llevan una vida social, disfrutan de actividades y algunos inclusive trabajan y/o estudian. Para dimensionar esto, basta con mencionar cómo cada vez más mujeres deciden trabajar, estudiar e inclusive formar una familia de más grandes.

Años atrás, se solía tener hijos, casarse y/o formar una familia a temprana edad. Era lo que la sociedad instauraba y lo que se creía correcto para cumplir con el orden social. El rol de la mujer era casarse, ser madre y quedarse en casa a cuidar a sus hijos. Sus derechos se restringían a tareas del hogar, puesto que no se les permitía estudiar o trabajar. El hombre ocupaba el lugar de proveedor de la familia, que era quien se desarrollaba en el campo profesional y laboral. Sin embargo, los años pasaron, la sociedad cambio y la libertad se expandió. En la actualidad, las mujeres toman conciencia sobre lo que desean, quieren y anhelan. De esta manera, deciden vivir la vida tomando sus propias decisiones a la edad que ellas deseen. Ya no atienden al estereotipo de mujer que quedo en el pasado y las cosificaba a ciertas reglas y ataduras.
La juventud y la vejez son subjetivas. Muchas mujeres no tuvieron la oportunidad de estudiar y/o trabajar en el pasado porque debían atender y cuidar a su familia. Además, no podían tener control de su economía ni administrar sus propios bienes en el matrimonio. Asimismo, las mujeres no podían ejercer el derecho a la planificación familiar. Un claro ejemplo de esto fue como durante el gobierno militar, que permaneció en el poder entre 1976 y 1983, se prohibió por decreto las prácticas anticonceptivas. De esta manera, eran despojadas de su independencia. Con el correr de los años y los cambios sociales, el rol femenino se expandió y logró que las mujeres puedan tomar sus propias decisiones sin importar la edad. El poder de la mujer no tiene límites y la vejez femenina no tiene por qué convertirse en un tabú.
Las mujeres mayores son protagonistas visibles alrededor del mundo. Ocupan un rol activo en los movimientos sociales y en las marchas, y luchan contra la violencia de género. Además, se cuestionan los estereotipos culturales con los cuales crecieron y creen en una sociedad sin violencia ni machismo. Asimismo, el gran impacto de la comunidad LGTB+ y los ideales que defienden, se traslucen en la autonomía de las mujeres mayores sobre el género. Nadie condiciona sus decisiones a la hora de elegir con quien estar y compartir su tiempo. Es por esto, que la vejez se debe entender de una manera más amplia y distinta a comparación al pasado. Su identidad no debe suscitarse al cuidado de la familia y del hogar. Por el contrario, debe ser sinónimo de libertad, ya que tienen total derecho de construir una vida acorde a sus deseos, independientemente de la edad.