A días después un 10 de diciembre tan significativo para todos, por ser el Día Internacional de los Derechos Humanos y porque se cumplió un año más de que Argentina recuperó la Democracia, Desde Matanza conversó con Delia Giovanola sobre el trabajo que realizan las Abuelas de Plaza de Mayo y para mostrar su gran historia de lucha.
La presidenta de la institución Abuelas de Plaza de Mayo es Estela de Carlotto y la vicepresidenta es Rosa Roisinblit de 101 años. Los viernes a las 2 de la tarde, los nietos, que son ahora quienes llevan la institución adelante realizan sus reuniones. Delia junto a la abuela Sonia de Córdoba son las que acompañan a los nietos porque ambas manejan bien la tecnología. A través de las videollamadas, los nietos cuentan cuales fueron las actividades semanales y trabajan para encontrar a los nietos que faltan, que aproximadamente son 350.
Martín Ogando Montesano, es el nieto recuperado 118 y fue criado como Diego Berestycki. El ejército secuestró en octubre de 1976 a sus padres Jorge Ogando y Stella Maris Montesano quien estaba en su octavo mes de embarazo. Además, la pareja tenía una hija de 3 años llamada Virginia que de adulta se quitó la vida. Fue un pilar fundamental en la lucha y busco inalcanzablemente a su hermano, junto a su abuela Delia que se encargó de criarla y fue una de las 12 fundadoras de la asociación de Abuelas de Plaza de Mayo.

A diferencia de otros nietos recuperados, el padre de crianza de Martín, llamado Armando, siempre le dijo que era adoptado. Verdaderamente, fue comprado y es la razón por la que tiempo después, aunque Martín quería averiguar quiénes eran sus familiares, no lo hizo. Porque quiso evitar que tenga conflictos judiciales, aunque el mismo Armando se ofreció a acompañarlo, pero él decidió esperar. Al fallecer este, Martín fue a Abuelas en busca de su identidad.
Se presentó en Abuelas y al verle la partida de nacimiento, observaron que tenía la firma “Franicevich”, una partera de las cuales ya se habían encontrado a otros nietos vendidos con esa misma firma. Luego de haber hecho los análisis, y buscar la comprobación con lo conservado en el Banco Nacional de Datos Genéticos dio por resultado que había un 99,99% de compatibilidad con su otra abuela, la madre de Stella y con su hermana Virginia a quien no pudo llegar a conocer.

Delia se dirigía al Centro Cultural Kirchner para un acto, pero desde Abuelas la llaman y le dicen que vaya para allá. Ella, se niega porque ya se había comprometido a asistir, razón por la cual le terminaron mintiendo, y diciendo que se había suspendido. Al llegar recuerda que todos estaban extraños y callados, y por ese motivo piensa en retirarse, cuando está por hacerlo le confiesan lo que pasaba, habían encontrado a su nieto. Martín vive en Estados Unidos, por lo que el primer encuentro fue a través de una llamada donde el pidió comunicarse con su abuela.

“Y ahí fui corriendo como una libélula, es lo que le dije a la prensa y caí en la cuenta yo misma que las libélulas no corren, vuelan. Quise graficar el momento y se me había ocurrido eso, además yo tenía 89 años no fui corriendo tampoco”, relató entre risas Delia. Al agarrar el teléfono no paraba de gritar “Martín”, y él la escuchaba, pero no hubo una respuesta de inmediato. Ahí Delia entendió que el no sabía su nombre, y le preguntó ¿Cómo te llamas? A lo que él contestó: “Me podés llamar como quieras, me buscaste 39 años”.
“Es lo mejor que pude haber deseado como nieto, es tan perfecto como lo era Virginia como nieta”, recalcó Delia. Además, relató que desde que se conocieron no hay un día en el que no se hablen, y sino la llama al mediodía, ella le manda un mensaje: “¿Se perdió mi nieto de nuevo?, ¿Tengo que empezar a buscarlo?” y enseguida él le responde.
El primer encuentro personal fue el 18 de diciembre, Abuelas le envío el pasaje a él, y a su familia. Acordaron ir a desayunar a un restaurante porque en ese lugar ella se hizo amiga de la dueña y fue parte de la gran búsqueda de Martín. Y se transformó en una casa para Delia, y ella se había convertido en una abuela para las personas que frecuentaban desayunar o almorzar allí.
Pero, llegaron durante el mediodía y al verlo, le señala el reloj y le dice “A esta hora no” y amago a que se iba, pero volvió para abrirle y la emoción superaba todo. Almorzaron en esa confitería, Erica, la dueña del lugar y amiga de Delia, junto a sus clientes se emocionaban y observaban lo que pasaba. Ese 18 de diciembre Delia y Martín eran el centro de atención y constantemente todas las miradas estaban dirigidas hacia ellos.

Mientras conversábamos con Delia, le llega un mensaje de su nieto: “Abuela ¿Está tarde puedo ir a tu casa?”. A lo que cuenta que va a responder “y si no hay otro remedio” pero que no va a aguantar ni cinco segundos para decirle “vení ya”. Su nieto la caracteriza como una mujer muy cómica, y su nieta Virginia la llamaba “aparato”, incluso cuando la presentaba con sus compañeros de trabajo, decía “vení que te presentó al aparato de mi abuela”. Delia es valiente y no sólo porque a sus 84 años practicó rappel en las Sierras de la Ventana en Tandil sino por lo que representa para todos los argentinos. Su lucha, amor y sentido del humor es lo que conforman a la gran Delia Giovanola.
Escrito por Sol Ailén Clemente
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