La producción agrícola y las consecuencias de una administración no sostenible medioambientalmente son parte de un eterno debate en los medios. producción agrícola impacto ambiental
La discusión sobre la necesidad de aumentar la producción agraria se encuentra íntimamente relacionada al desarrollo de nueva tecnología y las oportunidades que esta brinda a la industria. No obstante, esta perspectiva muchas veces suele contraponerse a otra considerada antagónica: la necesidad de proteger el medioambiente.
Este último es un tema que, si bien lleva años dentro de la agenda pública, su debate se ha acrecentado en la última década, especialmente entre los jóvenes. Movimientos masivos como Extinction Rebellion tienen en sus filas una cantidad importante de jóvenes. Estos luchan, entre otras cosas, por la sanción de leyes para regular el cambio climático por parte de los gobiernos.
Por otra parte, la agroindustria, que tiene como objetivos principales el consumo, la exportación y recaudación de divisas, puede llevar a otros problemas indeseados. Entre los problemas derivados de la explotación intensiva de los suelos, podría mencionarse la salinización al establecerse métodos de riego de cultivo no sostenibles. Esto puede ocasionar una pérdida de fertilidad en la zona, imposibilitando cultivar allí. O sin ir más lejos, la deforestación producto de la expansión de la frontera agrícola, es decir, de las tierras para cultivar.
Retomando lo anterior, el cambio climático es una de las tantas consecuencias a largo plazo de las malas prácticas en la industria agraria. Esta, asimismo, también puede verse perjudicada por esta problemática.
Asimismo, la industria agraria contribuye a esta cuestión de diversas maneras. Por ejemplo, una de ellas es por medio de gases de efecto invernadero expulsados a la atmósfera, siendo uno de los más comunes el óxido nitroso. Otra forma es mediante el uso de fertilizantes inorgánicos, que pueden afectar la composición del agua, saturándola de nutrientes y elementos químicos, como el fósforo.
Estas problemáticas ocasionadas por el cambio climático son observadas en las intensas lluvias torrenciales que pueden echar a perder las cosechas. O sino, en el aumento de los costos debido a la disminución del agua como recurso, producto de las sequías que corresponden a este desequilibrio.

El desarrollo de nuevas tecnologías fue fundamental a la hora de expandir la industria de la producción agraria. Dentro de estas innovaciones, es necesario destacar los nuevos avances de la ciencia, que ha incorporado sus conocimientos a la cosecha. Así, es posible mencionar el uso de semillas híbridas, fertilizantes y herbicidas, o alimentos transgénicos.
Entre los cultivos más preponderantes en el país es posible mencionar la soja, el trigo y el maíz, cuyo avance territorial causó estragos en los ecosistemas. Estos, fueron a su vez, de los más modificados genéticamente, modificación que se estableció, principalmente, para mejorar su rentabilidad.
Las modificaciones genéticas permitieron, especialmente en el caso de la soja, expandir aún más su producción debido al mejoramiento de algunas características consideradas necesarias para su supervivencia, por ejemplo, a las sequías. No obstante, esto también trajo sus problemas. Por un lado, la deforestación en un intento de expandir la frontera agrícola y la erosión de los suelos. Por el otro, la contaminación genética de otros cultivos no modificados, que pueden ver corrompidos su ADN original.
Según la organización Greenpeace España, la contaminación genética pone en riesgo “a las variedades y especies cultivadas tradicionalmente”.
“Las variedades transgénicas contaminan genéticamente a otras variedades de la misma especie o a especies silvestres emparentadas, ya que una vez liberados al medio ambiente los transgénicos no se pueden controlar. La contaminación genética es irreversible e impredecible” explicó la entidad en su página web.
Otro problema de su inclusión entre las plantaciones es que requieren grandes cantidades de pesticidas y herbicidas, perjudiciales para el medioambiente y la producción. Para el medioambiente, porque pueden contaminar el agua y el suelo durante su aplicación, llevando incluso a su erosión. Y para la producción, porque obligan a los agricultores a utilizar fitosanitarios más fuertes y costosos, una vez las plagas se han acostumbrado a los anteriores.
Todos estas cuestiones son las distintas aristas de una industria que batalla día tras día por ser mejor. La consideración de las posibles consecuencias que la acción humana pueda tener en el ecosistema es necesaria para prevenir una mala gestión ambiental y económica. Y también, la manera de mantener distintas perspectivas a la hora de producir alimentos de forma segura y responsable.