Vecinos y vecinas de La Matanza, de distintas localidades, se concentraron este viernes por la tarde en la Plaza de San Justo. Bueno, en realidad, podría decirse que intentaron acercarse a la plaza de San Justo, pero no lo lograron, ya que estaba completamente vallada. Una cuadra a la redonda, la Plaza de San Justo, incluyendo al Municipio de La Matanza y la comisaría de San Justo, estaban rodeados de vallas. (Tema: San Justo marcha)
Vallas, gendarmes, y una distancia silenciosa por parte de los oficiales, que estaban para cuidar a la plaza, del pueblo. La tristeza invadió las calles, y los familiares de víctimas de inseguridad lloraron, se abrazaron, encendieron una vela por sus seres queridos.
Los vecinos y vecinas no culpan a las fuerzas oficiales de los delitos de inseguridad, pero sí, buscaron en sus miradas un dejo de empatía por el dolor que estaban manifestando. Hubo poco contacto entre las familias de víctimas y los oficiales. Se mantuvo la consigna: La marcha de las velas tiene que ser pacífica. Cuando el dolor inundaba el los ojos de los manifestantes, se escuchaban patadas contra las vallas, que apenas se movían. Se escucharon cánticos, protestas e incluso la entonación del himno nacional.
¿Qué pasa con la inseguridad? (Tema: San Justo marcha)
La problemática llega a todo el conurbano y también atraviesa la Capital Federal. Lugar donde, se quiera o no, hay muchos casos de inseguridad. ¿Qué pasa en Buenos Aires, Provincia y Ciudad, con la inseguridad? Estará en boca de muchos en estos días, por las elecciones venideras y el uso político del dolor ajeno. Pero, ¿Cómo seguirá la vida de las y los bonaerenses, de las y los porteños, después del domingo? (Tema: San Justo marcha)
El eco del dolor (Tema: San Justo marcha)
Las voces de las familias de las víctimas se hicieron oír en el día de hoy. El llanto entre cortado en las entrevistas al aire, mostraron la desesperación porque se haga justicia. El alivio tiene que llegar para quienes reclaman por una vida arrebatada. Se vio hoy, el dolor no se convirtió en violencia. Se vio, que el dolor de las víctimas no se convirtió en más que en un pedido de auxilio entre tanta angustia. Por eso, resonaron los casos de Liliana Lescano, quien fue víctima de homicidio el mismo día que mataron a Roberto Sabo. Se hizo eco del caso de Emiliano Pereyra Suárez, a quien mataron a sangre fría y su familia no sólo exige justicia sino que algún mayor se haga cargo del delito si es que los menores, por ser menores, no pueden hacerse cargo. “Alguien tiene que pagar”, repitieron al unísono como si se conocieran entre todos. Sonó con fuerza, el caso de Alan a quien mataron para robarle un auto que los delincuentes ni si quiera sabían como arrancar.
Es mucho el dolor y se acumula con el tiempo. No se sabe si la desvalorización de la vida que se implantó en la sociedad es producto de la suba en el consumo de la droga; o como dijo la cuñada de Roberto Sabo “matan porque les gusta matar, porque aman lo que hacen”. Lo que sí es sabido, es que sea cual sea el origen del problema en esta sociedad que cada día parece estar más llena de delincuentes, es que tiene que parar. Sino, no se sabe a dónde irá a parar una Argentina donde el miedo no es que te saquen el celular, sino, que te maten para quitártelo. El miedo, no es que el delincuente te quite todo. Sino, que te quite a tus seres queridos por nada. El miedo viene de la desvalorización de la vida.
Escrito por Rocío Cabrera
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