La bifurcación de convocatorias por el Día de la Memoria por la Verdad y la Justicia conmemorado el 24 de marzo no hizo sino confirmar la tendencia que hace semanas comenzaba a gestarse en el oficialismo: hay internas en el gobierno, y enfrentan nada más y nada menos que al presidente Alberto Fernández y a su vice Cristina Kirchner. Por su trascendencia política e incluso por sus anticipadas consecuencias electorales, el desencuentro merece explicarse en detalle. ¿Coalición o colisión?

“El 24 de marzo es el día en que más unidos estamos”, valoró el jefe de Estado desde el ministerio de Ciencia y Tecnología. El presidente no participó de la masiva marcha a Plaza de Mayo que protagonizó La Cámpora de la mano de organismos de derechos humanos. Así, la ausencia de Fernández contrastó con la presencia de referentes de primera línea del kirchnerismo duro liderados por el diputado Máximo Kirchner, quien ayer expresó: “Uno elige, los estudios de televisión o la calle”.
Las diferencias explícitas entre las figuras fuertes del oficialismo podrían considerarse menores de no ser porque se replican al interior de la fórmula de gobierno. Ya la semana pasada la portavoz presidencial Gabriela Cerruti había afirmado que Cristina Kirchner no le levantó el teléfono a Fernández; y el enfriamiento del diálogo entre el mandatario y la vice describe un vínculo personal distante que las diferencias políticas solo empeoran. La expresidenta todavía mantiene su tradicional silencio, pero el kirchnerismo habla por ella.

En mayo de 2019, Cristina Kirchner ungió a su exjefe de gabinete como candidato a presidente en una fórmula que ella completaría como vice. Menos de un mes después nació el Frente de Todos, fruto de una consonancia política entre el kirchnerismo, el Frente Renovador que conduce el jefe de la Cámara de Diputados Sergio Massa y un peronismo moderado referenciado (o referenciable) en Alberto Fernández. La coalición triunfó en las elecciones presidenciales de ese año y, naturalmente, buscará repetirlo en 2023.

Pero, de vuelta en 2022, florece la crisis de gobierno. “En este momento es necesario que Alberto y Cristina vuelvan a sellar el acuerdo del Frente de Todos. Es muy difícil sostener la continuidad de un proyecto compartido si ese acuerdo se rompe”, vaticinó pocos días atrás el asesor presidencial Ricardo Forster, funcionario muy cercano a Alberto Fernández, en una entrevista con Diagonales que voló por debajo del radar. Los dichos del filósofo, quien también desempeñara funciones para Cristina Kirchner, retratan en primera fila el conflicto.
Para rescatar la resquebrajada unidad partidaria, el presidente y la vice “primero tienen que volver a hablar. Cada uno sabe que tiene parte de la responsabilidad”, insistió Forster. Las declaraciones oficializan el distanciamiento personal entre Fernández y Kirchner, que no han cruzado palabra en semanas, según afirman trascendidos mediáticos. Mientras tanto, no está en juego únicamente la institucionalidad, sino el futuro de la coalición.
“Si el acuerdo del Frente de Todos se rompe, pondríamos en serio riesgo la posibilidad de ser competitivos en 2023”, apuntó Forster. Y siguió: “En Argentina se tomó una decisión que supone un experimento político inédito que, como estamos viendo, desde hace tiempo no está funcionando”. En este contexto, las internas entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner podrían acarrear magras consecuencias electorales. El oficialismo lo sabe.
La parcialidad que acompaña al presidente en el Frente de Todos tiene alcance diverso. Sus más fieles funcionarios, entre ellos el jefe de gabinete Juan Manzur y ministros como Juan Zabaleta (Desarrollo Social) y Gabriel Katopodis (Obras Públicas), juegan de embajadores del albertismo a la hora de vincularse con la porción kirchnerista del Ejecutivo. El espacio aspira a mantener la unidad, pero no esquiva gestos fuertes de liderazgo.
En ese sentido se leen las declaraciones que el presidente lanzó esta semana en una entrevista con El Destape Radio. “Yo no soy títere de nadie. Escucho a todos, pero el que tiene que tomar las decisiones soy yo. No se puede tener una presidencia colegiada”, manifestó el mandatario. Sin embargo, licuó las autorreferencias con apreciaciones para con Kirchner; la más significativa, la que expresó en un acto en Paraná cuando detuvo su discurso para pedir “un aplauso para Cristina”.
Más allá de sus figuras de confianza, hace siete días Fernández logró nuclear tras de sí a la mayoría del oficialismo parlamentario. En el marco de la discusión sobre el acuerdo alcanzado con el Fondo Monetario Internacional, que el Congreso terminó aprobando, dos tercios de la bancada apoyaron la iniciativa presidencial. Del otro lado estuvieron los legisladores kirchneristas, que forzaron la división del bloque. “Esperaba que me acompañaran y no me acompañaron en mis decisiones”, lamentó el presidente a El Destape.
Por su parte, el cristinismo mantiene distancia. Sus más destacadas figuras, entre ellos Máximo Kirchner (hijo de la vicepresidenta), el ministro de Interior Eduardo “Wado” de Pedro y los representantes más altos de La Cámpora, le marcan la cancha a Fernández, mientras Cristina Kirchner casi no interrumpe su silencio. Esta semana se cumplen dos meses de su última carta pública – el tiempo justo que suele dejar entre comunicación y comunicación.

Al fin, cabe destacar que La Matanza fue sede este martes de un nuevo episodio en las internas entre Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Allí se autoconvocaron referentes municipales de la primera y tercera sección electoral de Buenos Aires encabezados por el intendente local y huésped Fernando Espinoza. Los dirigentes comunales labraron en conjunto un documento que llama a “reafirmar la unidad del Frente de Todos”, y pidieron al presidente que tome cartas en el asunto.
Los referentes provinciales utilizaron la reunión para aunar posturas respecto al conflicto presidencial. Tras el cónclave, del que participaron figuras bonaerenses preponderantes como la vicegobernadora Verónica Magario y la intendenta de Quilmes Mayra Mendoza, cofundadora de La Cámpora, el jefe comunal de Ituzaingó Alberto Descalzo ratificó: “Abajo no tenemos grieta ni diferencias. Todos tenemos los mismos problemas y trabajamos juntos, no tenemos ningún tipo de grieta”; que significa, por descarte, que arriba sí.
Alberto Fernández: “Puedo escuchar a todos pero la decisión la tengo qué tomar yo”