El crimen de José Luis Cabezas planificado por el empresario Alfredo Yabrán ocurrió el 25 de enero de 1997. El documental recientemente estrenado trae a la memoria el hecho que en aquella época conmocionó a toda la sociedad. Según cuenta Gabriel Michi, en su libro “Cabezas”, desde el retorno a la democracia no hubo ningún periodista asesinado durante el ejercicio de su profesión. El asesinato de Cabezas hizo que toda la prensa se sintiera amenazada. Significó un ataque contra la libertad de expresión y por eso la conmoción que generó entre los periodistas. Camarazo Cabezas
Todo el trabajo que se hizo reclamando justicia y visibilizando las protestas contra la impunidad fue muy significativo. Michi relata lo que Francisco Santos Calderón, periodista colombiano, le dijo durante un encuentro organizado por la Sociedad Interamericana de Prensa. Michi había hecho una exposición sobre el crimen de Cabezas y pasó imágenes de las protestas por el asesinato. Santos Calderón, que estuvo secuestrado durante 8 meses en 1990 por expresarse contra el narcotráfico, le habló a Michi tras finalizar la exposición. Le dijo que la historia de su país hubiese sido diferente si hubiesen protestado como se hizo tras el asesinato de Cabezas.
De este modo, se destaca el compromiso social de repudiar los ataques a periodistas y evitar que se naturalice.
Las marchas autoconvocadas por periodistas y reporteros gráficos, tuvieron una importancia muy particular en el año del crimen. El 28 de enero de 1997, la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA) llamó a una movilización en el Obelisco. Allí, los fotógrafos convocados, hicieron el famoso gesto de levantar las cámaras en alto como una forma de visibilizar la protesta. Michi relata en su libro que primero habían colocado las cámaras en el piso en forma de círculo, pero luego cambiaron de parecer. Los reporteros gráficos alzaron su instrumento de trabajo mientras pedían justicia por Cabezas, el colega asesinado mientras cumplía con su oficio – eso fue el “camarazo”.
Hubo muchas manifestaciones más. Al principio eran espontáneas y con el tiempo comenzaron a planificarse. Durante 1997, el día 25 de cada mes hacían alguna movilización para reclamar justicia.
Michi explica que todo el periodismo parecía unido y comprometido con la causa. Así, el 25 de febrero de 1997 se convocó a una marcha en frente de la redacción de la Revista Noticias, en el que participaron 35.000 personas. Diferentes gremios de la prensa fueron convocados al acto. En él, Michi leyó un discurso redactado junto a sus colegas de la revista que terminaba con la frase: “Hoy todos somos José Luis Cabezas”.

Durante diciembre de 1982, los fotógrafos que trabajaban para la prensa comenzaron a hacer visible la represión que estaba ejerciendo la dictadura militar. Fue en este contexto que se convocó a un “camarazo”.
Cuenta Cora Gamarnik en su artículo “Acciones e imágenes de los fotorreporteros durante la dictadura argentina” que Jorge Durán terminó internado tras ser agredido. Durán era el jefe de fotografía del Diario Popular y fue la policía quien lo hirió durante una manifestación en la cual estaba tomando fotografías. Otro reportero gráfico, Aldo Amura, consiguió registrar el momento en que la policía estaba por golpear a Durán.
La prensa le dio mucha visibilidad a la agresión y se incluyó la imagen tomada por Amura, que mostraba la violencia contra los fotógrafos. Como consecuencia de estas y otras agresiones, ARGRA decidió lanzar un comunicado en donde repudió la violencia. En una parte decía: “los reporteros gráficos sufren en carne propia la violencia indiscriminada, por el hecho de graficar una actualidad que es imposible ocultar”.
Para el 19 de diciembre ARGRA decidió realizar un minuto de cámaras caídas. Se hizo durante la cobertura de todos los eventos deportivos del día en los estadios de fútbol. Al día siguiente, en frente de la casa de Gobierno, se convocó a un camarazo en el que asistieron 200 fotógrafos. A partir de ese día también se acordó que los reporteros gráficos usarían un chaleco amarillo para poder ser fácilmente identificables durante los actos multitudinarios.
De esta manera, los reporteros gráficos reclamaron por libertad de prensa y se manifestaron en contra de la represión que estaban sufriendo.
Los reporteros gráficos en su tarea de hacer visible e ilustrar acontecimientos tienen una importancia social que, como ocurrió en diversas oportunidades, se intentó socavar. El gesto de levantar las cámaras en modo de protesta es su manera de manifestarse.
En los últimos años se han visto “camarazos” convocados por ARGRA. Por ejemplo, en 2019 cuando detuvieron a dos reporteros gráficos durante una manifestación convocada por la cooperativa gráfica Madygraf en la cual estaban tomando fotos. Y también en 2017, cuando fotógrafos y periodistas fueron heridos mientras trabajaban en la cobertura de las marchas del 14 y 18 de diciembre, cuando se trató la reforma previsional en el Congreso.
Preservar la libertad de prensa y la integridad de los trabajadores de la prensa es importante. El “camarazo” como gesto de protesta no se ha perdido y se mantiene. Así como tampoco se permite el olvido del crimen de Cabezas.