Los nuevos cánones ya no exigen cuerpos idealizados, pero sí caras más definidas y contorneadas. Desde la modelo Linda Evangelista hasta famosas argentinas.
Hace unos días, Linda Evangelista, la ex supermodelo canadiense de los años 90, lanzó un comunicado denunciando a la clínica que le realizó una mala praxis facial, según sus palabras, la dejaron “deformada”. La intervención se llama criolipólisis y reduce la grasa localizada, pero esta vez, sucedió todo lo contrario. A raíz de esto, Evangelista desarrolló hiperplasia adiposa paradójica (HAP), un efecto adverso de ese tratamiento estético que aumenta las células grasas en vez de disminuirlas. En el posteo también contó que desde la clínica le ocultaron los riesgos que podía llegar a sufrir luego del procedimiento. Asimismo, finalizó hablando acerca de la depresión y angustia que padece al no poder reconocerse frente al espejo.
Otras de las famosas que tuvo problemas estéticos fue Courteney Cox, la actriz que interpretó a Monica en la serie Friends. Si bien se retocó la cara a través del botox, no escapó al miedo que sienten la mayoría de las celebridades de envejecer. Contó en una entrevista que un día se miró y no se reconoció de lo hinchado que tenía el rostro a causa de las inyecciones que se aplicaba para borrar el paso del tiempo.

Pero ella no es la única, si nos vamos a nuestro país, tenemos el caso de la modelo Silvina Luna, quien se operó con el cirujano Aníbal Lotocki. Fue una de las pacientes más damnificadas, ya que Lotocki le puso en los glúteos y piernas metacrilato, una sustancia que le dañó el cuerpo. Luego de esto, Luna comenzó con fuertes dolores y hoy en día padece problemas renales.

La “ nueva moda” indica que no importa la definición en cuanto al género, pero con lo que respecta a la cara sí. Por eso, los fillers faciales son tendencia y permiten armonizar y “equilibrar” el rostro corrigiendo la pérdida de volumen. También definen pómulos y mentones, creando así la receta de belleza hegemónica en auge. Por eso muchos famosos/as prefieren usar métodos no invasivos para seguir “perfeccionando” su apariencia sin tener que ser tocados por un bisturí.
La opinión de Ricardo Arjona sobre feminismo y lenguaje inclusivo