El transformador de Haedo trabaja hace casi dos décadas para mejorar la calidad de vida de las personas de zonas aledañas. En la sede principal se realizan todo tipo de tareas que abarcan desde apoyo escolar, juegos y talleres hasta un mercado agroecológico. En diálogo con Desde Matanza, una de sus voceras, Sabrina Gosp, relató el funcionamiento del lugar y describió en qué beneficia a la sociedad.
La organización lleva trabajando 19 años pero todavía luchan por la expropiación definitiva de la casona cedida en el 2003 a El Transformador. Luego de un tiempo, parte de la familia de su antiguo dueño inició un juicio por desalojo que quedó sin efecto. El juzgado 11 de Morón frenó el desalojo pero quienes asisten y trabajan allí exigen una solución que asegure la actividad comunitaria con tranquilidad.

“Apuntamos a niñeces que puedan estar libres de los prejuicios, puedan bailar, reírse y jugar”, contó Gosp, quien trabajó durante 10 años con los chicos. Aunque ahora participa en las asambleas generales de la organización, remarcó el rol fundamental que constituye para esas niñas y niños, El Transformador.
“Una premisa de El Transfo es que la cultura popular es para todes”, resaltó la vocera. Las actividades culturales y recreativas, que incluyen desde talleres a espectáculos con artistas barriales, son para grandes y chicos. De esta manera, dejan claro que el acceso a la cultura no debería ser un privilegio, sino un derecho de todos aquellos que quieran disfrutarla. Las niñeces y adolescentes pueden acceder a los talleres de murga, apoyo escolar, arte, estimulación temprana, fútbol comunitario y circo entre otros. También a su disposición la biblioteca Rayuela.
No todos los niños y jóvenes pueden asistir a la casona y muchos de ellos por diferentes situaciones recorren generalmente las calles. Por ellos, los miembros de este sector de El Transformador realizan las “callejeadas”. Estas, constan de las recorridas por los sitios urbanos, desde los que se construyen los vínculos por medio de juegos o meriendas.

A la casona asisten otras organizaciones cooperativas que buscan los mismos objetivos, como por ejemplo Caracola Feminista. Mediante entrevistas grupales acompañan a las personas víctimas de violencia de género. “La salida es colectiva”, remarcó Gosp. Es por ello, que intentan guiar a las perjudicadas para que puedan salir de esos ámbitos violentos.
Otra de las organizaciones que participa activamente para ayudar a las mujeres que atraviesan esta situación es la Cooperativa Ñeri. “Son compañeras mujeres que hacen herrería, se juntan en la casona como una manera de autogestionarse y de empoderamiento también”, relató la vocera.
El Transformador realiza un trabajo horizontal que abarca las niñeces, la cultura, el feminismo y disidencias. Esta tarea solo puede ser sostenida gracias a la participación de otras cooperativas y la labor de los trabajadores de la organización. También contribuyen aquellos que colaboran a través del mercado agroecológico y las ferias. Aunque es una problemática que necesita una solución desde la base, El Transformador le muestra a los chicos y adultos que hay otra forma de vivir. Además les muestran que es posible crear vínculos diferentes y que es su derecho acceder a la comida, los juegos y los espacios de escucha.
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