El Informe Regional del Desarrollo Humano 2021 sostiene que América Latina y el Caribe son regiones donde abunda la vulnerabilidad y la pobreza extrema. Estos fenómenos, junto a la desigualdad y el bajo crecimiento, conforman un círculo vicioso que perpetúa los contrastes entre ricos y pobres. Por lo tanto, la posibilidad de una mejor calidad de vida está limitada. Vulnerabilidad y pobreza
Para dar cuenta de las problemáticas que afectan a toda la región el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) publicó el Informe. El contenido del mismo está estructurado en cinco capítulos que recorren la concentración del poder y todos los tipos de violencia. Además, evidencia la ineficacia de las políticas de protección social en el territorio latinoamericano.
Bajo la lupa de la pandemia Vulnerabilidad y pobreza
Aunque estos temas son un problema desde hace décadas en la región, la pandemia incrementó y dejó al descubierto los contrastes dentro de la sociedad. A través del Informe se puede observar la multidimensionalidad de la desigualdad, es decir que algunos grupos sufren más desigualdad que otros.
En el contexto actual, el servicio de Internet se hizo indispensable, aunque no todos pueden acceder a él. Las brechas de acceso y la falta de herramientas para utilizar los servicios digitales dejan por fuera de varias actividades básicas a una gran parte de la sociedad. Ello se vio reflejado en nuestro país durante el comienzo de clases, donde las necesidades resaltaron la precariedad de los accesos en los hogares.

El trabajo es otro de los espacios donde se observa la multidimensionalidad de la desigualdad. Las mujeres tienen mayores tasas de desempleo y además sus ingresos son menores, ya sea porque tienen menos horas remuneradas o un sueldo inferior. Por otra parte, el documento también hace hincapié en el trabajo doméstico y las tareas de cuidado no remuneradas que acrecientan las diferencias entre los géneros.
Las brechas, respecto a la participación laboral, disminuyen con la presencia de la educación. Según las encuestas plasmadas en el Informe, las diferencias laborales son menores para las mujeres que completaron la educación terciaria. Por otro lado, los trabajos informales sobrepasan la dimensión de género y se extienden casi de igual manera en toda la región.
América Latina y el Caribe es la región más violenta del mundo. Las altas tasas de delitos y homicidios están vinculadas con un menor crecimiento económico, ya que las inversiones están acompañadas de incertidumbre y desinformación. A su vez, la desigualdad estimula la violencia y conduce al deterioro de los derechos humanos.
De igual manera la gran concentración de poder perpetúa la brecha que separa ricos y pobres, así limita la posibilidad de progreso o avance. Otro de los factores que se presenta en el círculo vicioso que se denominó “trampa”, son las políticas sociales que se implementaron. En lugar de aportar condiciones favorables, estas se centran en el corto plazo y no ofrecen una posibilidad de cambio real.
Aunque en el informe se reconoce que la región avanzó estas últimas décadas, la crisis sanitaria generó un daño que tardará años en repararse. Las decisiones tomadas por los gobiernos de aquí en más, en términos de inclusión y sostenibilidad, determinarán si la desigualdad se reduce o no.
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