La Virgen María y sus advocaciones: ¿por qué existen tantas Vírgenes en el catolicismo?

Las “apariciones marianas” conllevan sucesos reveladores o milagrosos que no son explicables naturalmente.

#Religión

Escrito por: Manuel Román | Publicado: 26 de Junio de 2021

El primer fin de semana de octubre de 2013, alrededor de dos millones y medio de fieles católicos peregrinaron hacia la Basílica de Luján. Era la primera caminata al santuario desde que Jorge Bergoglio se había convertido en Papa de la Iglesia. La tradición de visitar la catedral a pie le antecede: hace ya más de cien años que los creyentes acuden a Nuestra Señora de Luján, patrona de la Argentina, para pedir su protección. Como ella existen otras decenas de advocaciones de la Virgen María en cada rincón del mundo, con sus rasgos e historias propias. Virgen María 

Las manifestaciones de la Virgen, llamadas “apariciones marianas” o “mariofanías”, se dan frente a una o más personas en un tiempo y lugar determinados. Usualmente conllevan un hecho revelador o extraordinario, inexplicable naturalmente, que indica de la advocación a los fieles que la presencian. Según la tradición católica, la primera sucedió hace dos milenios, cuando la Virgen del Pilar se apareció en la todavía romana Zaragoza, en España. Sin embargo, la Iglesia católica solo aprobó algunas manifestaciones, siempre reconociendo a los creyentes la libertad de creer en ellas o no.

La Virgen María es, para la religión cristiana, la madre de Dios, y modelo de obediencia a los mandatos religiosos. Sus apariciones en varios momentos y de modos diferentes a través de la historia fueron dando lugar a diversas representaciones suyas, o a “Vírgenes” distintas. Con el tiempo, muchas advocaciones derivaron en protecciones particulares según la historia y el culto a cada una. Así, por ejemplo, la Virgen de Guadalupe de México es, desde 1910 y por designio del entonces Papa Pío X, patrona de Latinoamérica. También son famosas la Virgen de Lourdes francesa, patrona de los enfermos, y la Virgen de Fátima portuguesa, patrona del inmaculado corazón de María.

 

Historias de las Vírgenes argentinas Virgen María 

La imagen original de la Virgen de Luján estaba hecha de arcilla y medía solo 38 centímetros. Pero cuando la caravana donde viajaba se detuvo en Luján, hace ya casi 400 años, ni los bueyes que tiraban la carreta lograron moverla. La historia cuenta que la figura se quedó entonces donde se ubica hoy la ciudad de Pilar: no quería irse de allí. De hecho, tiempo después, sus sucesivos dueños intentaron llevársela repetidas veces, mas se dice que la imagen siempre regresaba, sola, al “lugar del milagro”.

Próceres como Manuel Belgrano homenajearon a Nuestra Señora de Luján en su primer santuario, inaugurado en 1763. También José de San Martín la visitó antes y después del cruce de la Cordillera de los Andes y la liberación de Chile y Perú. Actualmente, la Virgen es patrona de la Nación argentina, distinguible a simple vista por el manto albiceleste con detalles dorados que la envuelve. Además, en la década de 1940 se la declaró patrona de las rutas y de los ferrocarriles.

Hay más advocaciones de la Virgen María en la Argentina. Destaca la Virgen del Rosario de San Nicolás, aprobada por la Iglesia Católica en 2016. Su historia se remonta a 1983, cuando una mujer tuvo visiones que la guiaron hasta una imagen de la Virgen que se había exhibido en la zona 99 años antes. Asimismo, resaltan otras como Nuestra Señora del Buen Aire, patrona de Buenos Aires, quien le dio el nombre a la ciudad en 1536; y la Virgen del Carmen de Cuyo, mendocina, a la que San Martín nombró patrona y generala del Ejército de los Andes en 1817. Por último, en Salta se venera a la Virgen del Milagro, y en Corrientes, a la Virgen de Itatí.

 

Otras Vírgenes y su importancia en el mundo Virgen María 

Debido a la cantidad de presuntas advocaciones que se reportan en el mundo, así como a las dificultades propias de llevar a cabo las investigaciones, en la mayoría de los casos la Iglesia no verifica las apariciones marianas. Las Vírgenes se van nombrando socialmente conforme se desarrolla el culto por ellas, pese a que la institución no las apruebe. La importancia de las manifestaciones radica, sin embargo, en su impacto en los fieles, más allá de la precisión histórica que el relato pueda tener.

Santuarios como la Basílica de Guadalupe, en México, donde reside la Virgen homónima, son de los sitios cristianos más visitados en el mundo. La Iglesia verificó esta advocación en 1895 mediante una coronación canónica. Su historia cuenta que, en 1531, la Virgen María se presentó a un indígena a quien solicitó que le erigiera un templo. Por orden de la Virgen, el hombre llevó como prueba unas flores que guardó en un tejido suyo. Cuando lo desplegó, se dice, la “tilma” reveló la imagen de la Virgen de Guadalupe.

Otros millones acuden al Santuario de Nuestra Señora de Lourdes en Francia cada año. Según el relato, la Virgen María se reveló catorce veces a una adolescente en 1858. En una ocasión le pidió escarbar el suelo y beber: cuando la joven cavó, brotó un manantial del que aún hoy nace agua. Por su parte, la advocación de la Virgen de Fátima portuguesa sucedió, según la historia, en 1917, año en que se manifestó repetidamente frente a tres niños. Los hechos extraordinarios se relacionan con la aparición de ángeles y mensajes proféticos.

Todas estas mariofanías se desarrollaron, con el tiempo, como un culto propio dentro del catolicismo e incluso fuera. Basta con ver a los montones de peregrinos para comprobar su verdadero impacto.

Nota escrita por Manuel Román

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