
En los sindicatos, la paridad de género sigue siendo una utopía. En el mes de noviembre la Confederación General del Trabajo (CGT) renovó autoridades y el triunvirato quedó conformado por hombres. En las fotografías propias de actos y reuniones se refleja la misma imagen que trasciende a la gran mayoría de los ámbitos de poder. En las mesas de decisión, la participación de mujeres es escasa o nula.
La norma excede partidos políticos y profesiones, aunque poco a poco la disparidad de género despierta diferentes interrogantes. Lo que hace algunas décadas era naturalizado ahora se cuestiona, se debate y se discute, pero no parece ser suficiente. En Argentina, el poder está concentrado en la cima de una pirámide a la que no llegan las mujeres. Por el momento, la mayoría está relegada a la base donde con trabajo hacen posible el funcionamiento de diversas entidades, pero carecen de poder. Y más aún, en los sindicatos.
La falta de paridad de género
El Equipo Latinoamericano de Justicia y Género (ELA) presentó durante el corriente año una investigación sobre quienes ocupan los puestos de mayor jerarquía en Argentina. El resultado fue que solo 2 de cada 10 puestos están ocupados por mujeres. El estudio “Sexo y Poder: ¿Quién manda en Argentina?” contrapone datos obtenidos en 2010 y 2020.
La década que transcurre entre los años comparados está marcada por el movimiento feminista que paulatinamente introdujo en la agenda las cuestiones de género. Aunque las cifras, no reflejan el mismo avance que las mujeres tuvieron en diversos ámbitos y la visibilidad que se le dio a la problemática.
La presencia de mujeres en el sector sindical aumenta, pero los puestos de más alta jerarquía siguen ocupados por hombres. Por lo tanto, ocupan cargos orientados a secretarías o subsecretarías, es decir que quedan relegadas a temáticas asociadas al estereotipo femenino. Pero no se logra alcanzar, aún así, una mínima paridad. 
Sindicatos: la letra chica de las leyes
En 2002 se efectivizó la Ley 25.674, que establece un cupo de al menos 30% de mujeres en cargos electivos y representativos de sindicatos. De los sectores relevados para la investigación, el sindical es uno de los pocos que evidencia un retroceso en la cantidad de puestos de liderazgo. El punto débil de la Ley está en la falta de cláusulas específicas sobre la posición de los mandatos.
De esta manera, el rol de la Ley se ve opacado por la letra chica que no establece límites claros. Así como durante las elecciones se coloca a las mujeres en segundos/terceros lugares dentro de las listas, aquí se las deriva a puestos menores. Sin la posibilidad de que participen en las mesas de decisión se amplía la brecha y se invisibiliza la agenda de género. Por lo tanto, el poder patriarcal se perpetúa y la paridad parece ser utópica.







