¿Pueden dialogar el gobierno y la oposición?: el neurálgico rol de Massa en el acuerdo

El presidente de la Cámara de Diputados tendrá que convencer a Juntos por el Cambio, que descartó reunirse con el oficialismo para diseñar diez políticas de Estado.

Escrito por: Manuel Román | Publicado: 22 de Octubre de 2021

Massa

El presidente de la Cámara de Diputados tendrá que convencer a Juntos por el Cambio, que descartó reunirse con el oficialismo para diseñar diez políticas de Estado. Massa

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Con el aval del presidente Alberto Fernández y la vicepresidenta Cristina Kirchner, el titular de la Cámara de Diputados Sergio Massa anunció el domingo que convocará a un acuerdo entre el gobierno y la oposición luego de las elecciones generales. La propuesta lo ubica en una posición neurálgica en el diálogo con el resto del arco político. Mientras, Juntos por el Cambio se debate entre aceptar el riesgo del cogobierno o endurecer el antagonismo a tres semanas del 14 de noviembre.

La iniciativa contempla una reunión con referentes políticos, “empresarios y trabajadores para el diseño de 10 políticas de Estado, ganemos o perdamos”. El exintendente de Tigre hizo pública la solicitud en un reportaje de Infobae. Entre los temas a tratar contó a la deuda externa, la negociación con el Fondo Monetario Internacional (FMI), el crecimiento y el desarrollo económico, la educación, la generación de empleo, la lucha contra la pobreza, la agroindustria y la minería.

Sin embargo, la primera reacción de la oposición fue negarse al pacto. “Resulta sorprendente que se acuerden de eso dos semanas antes de la elección”, tachó el jefe de Gobierno porteño Horacio Rodríguez Larreta el martes. Massa, que ya había anticipado la respuesta, tiene a su favor dichos del líder cambiemita bregando por acuerdos interpartidarios días atrás. Por eso lo nominó explícitamente, junto a otros políticos “jóvenes”, en la generación que llamó “los hijos de la democracia”.

 

Detrás del “no”: cruces en la oposición Massa

“Ni con señales de humo se puede hablar con esta gente”, contestó con rapidez la presidenta del PRO Patricia Bullrich. Su opinión encontró eco en la coalición. “¿Qué diálogo se puede tener con un espacio roto y violento?”, enfatizó el titular de la Unión Cívica Radical (UCR) Alfredo Cornejo. Aunque mostró matices, también la candidata a diputada por la Ciudad de Buenos Aires María Eugenia Vidal lo descartó: “¿Para qué queremos un acuerdo?”.

Uno por el ala dura (Bullrich), uno por el ala blanda (Vidal) y uno por el radicalismo (Cornejo), los testimonios sintetizan la postura partidaria. Massa lo había adelantado: “Mañana la oposición está obligada a decir ‘no vamos a ir a ningún diálogo’, porque tiene que ver con la elección. Si pasa eso, juro que los entiendo”. Dicho y hecho.

Tampoco es deseable para Juntos por el Cambio afrontar el riesgo de cogobernar. Si termina habiendo acuerdo con el Frente de Todos, cualquier medida que la opinión pública considere desatinada podría achacársele en parte a la oposición. Es la suerte con la que ya corre el bloque luego de que los gobiernos nacional, bonaerense y porteño tomaran en conjunto las decisiones sanitarias en la primera ola de Coronavirus.

Ahora bien, pese al “no” inmediatamente coreado por Juntos por el Cambio, el oficialismo divisa cierto potencial de diálogo en el ala blanda. En declaraciones completamente contrarias a las que el partido promulga hoy, hace menos de diez días Larreta llamaba a un pacto similar. Como orador en el Coloquio IDEA, el jefe de Gobierno porteño pedía “terminar con la grieta” y “buscar consensos”. Pero esta semana retrocedió y rechazó la propuesta de Massa.

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La generación de los hijos de la democracia

En la entrevista, el presidente de la Cámara de Diputados listó explícitamente un interesante grupo de referentes a los que convocar al acuerdo. Son los que definió como “los hijos de la democracia”: una camada compuesta por “los dirigentes más jóvenes”, representantes de ideologías y partidos distintos. Sobre ella, estimó que la generación “tiene una convivencia y un diálogo más allá de lo que aparece en la discusión política, tiene coincidencias”.

La selección incluye al propio Massa (49), a Larreta (55), al jefe del oficialismo en Diputados Máximo Kirchner (44), al ministro de Interior Eduardo “Wado” De Pedro (44) y al senador Martín Lousteau (50). Respectivamente, el primero es del Frente Renovador, uno pertenece al PRO, dos son fundadores de La Cámpora y el último responde al radicalismo. Un paisano de cada pueblo.

Por su parte, el jefe cambiemita se halla alineado junto a su bloque y ha sido olvidada la intención de buscar consensos. Respecto a Lousteau, esperanza al gobierno su pasado como ministro de Economía de Cristina Kirchner, justo antes de que Massa fuera jefe de Gabinete. Después de todo, el oficialismo no busca una reconciliación sino un “simple” acuerdo. No obstante, ambos dirigentes se negaron al pacto por ahora.

Aunque provienen de tradiciones diversas, actualmente los cinco se encuentran aliados en el Frente de Todos o bien en Juntos por el Cambio. Resulta relevante el lugar que ocupa Massa en la lista que confeccionó: cercano al ala dura del oficialismo (Kirchner, De Pedro) y pasible de contactar al sector blando de la oposición (Larreta, Lousteau), su tarea será oficiar de nexo al interior de la generación – esto, obviamente, solo si el diálogo prospera.

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Sergio Massa, el dador de buenas noticias Massa

En este marco, sería un error olvidar que es el gobierno el que diseñó la iniciativa, y que Massa es tan solo su vocero, especialmente designado. La elección del exintendente para ocupar ese papel en la negociación deja ver el rol que juega en la escena política argentina. Dadas su trayectoria y su ajenidad al núcleo kirchnerista, resulta el candidato ideal para emprender el difícil proyecto de mediar con la oposición.

Ese puesto parece sentarle bien a Massa: ya hace tiempo que actúa como el dador oficial de buenas noticias en el gobierno. Es él quien se encargó de anunciar la baja del mínimo no imponible del impuesto a las ganancias y la iniciativa para convertir los planes sociales en trabajo remunerado. Hasta se especuló con su posible salto al gabinete nacional tras las fuertes internas después de las elecciones primarias, aunque al final no sucedió.

También es el exintendente quien intercambió cartas con el expresidente Mauricio Macri sobre el rumbo del país antes de su derrota electoral en 2019. El entonces mandatario escribió a él y a otros referentes del “peronismo no kirchnerista” para, curiosamente, discutir un decálogo de objetivos de gobierno. Hoy la mesa es otra pero aún incluye al neurálgico Massa, inmerso en su clásico rol de dialoguista, intentando conectar oficialismo y oposición.

#PolíticaDeManual: La columna de Manuel Román

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