El pesebre de Navidad representa el nacimiento de Jesús en Belén y es una de las principales representaciones visuales de la Navidad cristiana.
La escena suele incluir a María, José y el niño Jesús, además de pastores, ángeles, animales y, según la tradición, los Reyes Magos.
Para la Iglesia Católica, el pesebre permite recordar de manera concreta el misterio de la Encarnación.
El pesebre recuerda que, según los Evangelios, Jesús fue colocado en un pesebre después de su nacimiento. El Catecismo señala que Jesús nació en la humildad de un establo y que unos pastores fueron los primeros testigos del acontecimiento.
El pesebre también representa la humildad. El nacimiento de Jesús no aparece presentado como un acontecimiento rodeado de riqueza o poder, sino como un nacimiento en condiciones sencillas.
El papa Francisco explicó en su carta apostólica Admirabile signum que el pesebre permite revivir la historia de lo ocurrido en Belén y acercarse al misterio de la Encarnación.
En el centro del pesebre suelen aparecer María, José y Jesús.
María representa a la madre de Jesús y José aparece junto a ella en la escena del nacimiento.
El niño Jesús ocupa el lugar central porque el pesebre representa precisamente la Natividad.
Los pastores forman parte del relato de Lucas. Los Reyes Magos, por su parte, aparecen en el Evangelio de Mateo.
La tradición terminó reuniendo ambos grupos dentro de una misma representación navideña, aunque los Evangelios no presentan necesariamente todos los personajes juntos en el mismo momento.
Para la Iglesia, el pesebre no es simplemente una decoración. Es una representación que busca ayudar a contemplar el nacimiento de Jesús.
Francisco destacó que la escena muestra la ternura de Dios y la pobreza asumida por el Hijo de Dios en la Encarnación.
Por eso, el pesebre de Navidad es al mismo tiempo una tradición familiar y una representación religiosa del nacimiento de Cristo.