Del PJ bonaerense al tablero nacional: el movimiento de Kicillof
El acuerdo sellado en la mañana del sábado entre Axel Kicillof y Máximo Kirchner marcó el cierre de una de las internas más desgastantes del peronismo bonaerense en los últimos años. Con ese entendimiento, Kicillof asumió la conducción del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires y dejó atrás un enfrentamiento que había dividido a La Cámpora, el kirchnerismo y el axelismo nucleado en el Movimiento Derecho al Futuro.
La resolución de la disputa no solo ordenó el escenario partidario provincial, sino que terminó de posicionar al gobernador como el principal referente opositor a las políticas de ajuste impulsadas a nivel nacional por el gobierno de Javier Milei, con la mirada puesta en las elecciones presidenciales de 2027. En ese marco, el movimiento también implicó un corrimiento definitivo de los últimos vínculos de dependencia política que aún lo unían a la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner, una demanda que venían expresando intendentes y dirigentes alineados con su espacio.
Hasta llegar a este punto, Kicillof tomó nota del malestar creciente en la militancia frente a las decisiones de cúpula, los acuerdos entre sectores y los “dedazos” que, desde 2015, habían dejado fuera a distintos espacios de Fuerza Patria. A ese desgaste se sumaban la falta de autocrítica y el recuerdo del traumático cierre de listas legislativas nacionales, que había llevado al peronismo al borde de la ruptura. En ese contexto, el gobernador decidió anticiparse y jugar a fondo.
Consciente de que atraviesa su último mandato como gobernador y uno de los momentos más decisivos de su carrera política, Kicillof activó una estrategia ofensiva:
envió a su tropa a reunir avales en las ocho secciones electorales y en los 135 municipios, designó apoderados del Movimiento Derecho al Futuro en la Junta Electoral partidaria y ordenó armar listas alternativas. Ese movimiento le permitió tomar la iniciativa frente a un Máximo Kirchner debilitado y una Cristina fuera de la escena directa.
Sin embargo, el entonces titular del PJ bonaerense sorprendió al proponerle a Kicillof asumir la presidencia del partido.
Tras un primer momento de desconcierto y suspicacias, el gobernador evaluó la propuesta junto a su mesa chica y aceptó bajo condiciones claras, entre ellas evitar enfrentamientos internos directos y repartir por mitades el resto de las listas, asumiendo que en algunos distritos habría internas. Ante el riesgo de una sangría electoral, ambas partes sellaron una unidad forzada.
El documento final del PJ bonaerense, difundido el sábado, llamó a construir una “alternativa política con vocación de futuro” en un contexto definido como de “ajuste brutal, desintegración social y entrega de la soberanía”. El texto también incluyó un fuerte respaldo a Cristina Fernández de Kirchner, con un “repudio absoluto a la injusta condena y detención”, y sostuvo que “no alcanza con resistir”, sino que el desafío es ser “alternativa y esperanza”.
Con Verónica Magario como segunda en la estructura partidaria, Kicillof inicia ahora el salto al escenario nacional. Sus principales alfiles comenzarán contactos con los PJ del interior para recomponer vínculos, y a partir de marzo el propio gobernador recorrerá las provincias con una agenda propia, diferenciada de la del Gobierno nacional. En ese camino, buscará ampliar su base de sustentación hacia otros sectores políticos, sociales y sindicales, con la consigna de que el nuevo peronismo no viene a repetir el pasado, sino a construir el futuro.
