Un día como hoy, en 1997, fue asesinado en General Madariaga el reportero gráfico José Luis Cabezas. Sucedió cerca de un año después de que consiguiera fotografiar a Alfredo Yabrán, un todopoderoso mega empresario refugiado en el anonimato que mantenía negocios con la policía y el gobierno.
A 25 años del crimen, se recuerda al periodista como estandarte de la libertad de expresión, y a su conmocionante asesinato como un signo de tiempos oscuros que no hay que olvidar. Por la ley 24.876, promulgada en octubre de 1997, el 25 de enero es el Día Nacional del Reportero Gráfico.
Su rol en la labor periodística es insoslayable: en una época en la que las palabras brotan con facilidad furiosa desde todos los rincones, la fotografía se mantiene intocable como documento de actualidad y de época. Además, reviste un valor inmenso en la lucha por el derecho a la información y contra el tejido de los poderes que, ocultos, tanta fuerza tienen.
Basta con volver a la histórica tapa de la Revista Noticias del 3 de marzo de 1996, con Yabrán en primer plano, para comprobarlo. “YABRAN ataca de nuevo”, reza el título. El texto cubre a la esposa del “hombre más temido por Domingo Cavallo”, ministro de economía de entonces, pero no al empresario. Era famosa su frase “sacarme una foto a mí es como darme un tiro en la frente”.

La fotografía y el crimen
En 1996, Yabrán era el propietario de la empresa de correos OCA. Había saltado a la fama luego de que Cavallo lo acusara de manejar numerosas compañías, principalmente de logística, desde las sombras. En palabras del ministro, se movía como el “jefe de una mafia enquistada en el poder”. Con el tiempo se conocerían sus vínculos con el Gobierno de Carlos Menem.
Yabrán era el objetivo tras el que gran parte de la prensa iba en esos años, en ansias de destapar un caso de corrupción que parecía tener raíces muy profundas. El 16 de febrero de 1996, Cabezas lo logró sacar del anonimato: Lo fotografió junto a su esposa en una playa de Pinamar. Con su publicación en la Revista Noticias dos semanas después, Yabrán se convirtió en una figura de público conocimiento.
Ese año, Cabezas comenzó a recibir amenazas. Yabrán había contratado una banda de sicarios, “Los Horneros”, para asesinarlo. Finalmente, en enero de 1997, el reportero estaba otra vez en la costa atlántica para cubrir la temporada de verano. El 25 de enero, a la salida de un evento, lo esperaron de madrugada el policía de la fuerza bonaerense Gustavo Prellezo y su grupo, enviados por el jefe de seguridad de Yabrán, Gregorio Ríos.
A primeras horas del día se llevaron secuestrado a Cabezas. Lo asesinaron de dos disparos en una cava de General Madariaga. Luego, subieron su cuerpo sin vida al Ford Fiesta blanco en el que había llegado y prendieron fuego el vehículo íntegro.

El suicidio de Yabrán y el dominó político de fin de siglo
El crimen de Cabezas generó un efecto dominó que se llevó puesta a la policía bonaerense, a parte del gabinete de Menem y, finalmente, a Yabrán mismo. Pronto se descubrieron las conexiones entre Yabrán y Ríos, su jefe de seguridad, a quien se calificó como autor inmediato del crimen. El rol de Prellezo en el asesinato le valió una sentencia por autor material.
También se supo que Alberto “la Liebre” Gómez, comisario de Pinamar, había liberado la zona en complicidad con otros dos policías para que los cuatro integrantes de “Los Horneros” efectuaran el asesinato. A comienzos del milenio, todos los nombrados, a excepción de Yabrán, habían sido condenados con prisión perpetua.
Pero la estampida no terminó ahí. Eduardo Duhalde, gobernador de la Provincia, tuvo que separar a la policía bonaerense en 18 partes para quitarle poder. Además, aparecieron comunicaciones entre Yabrán y Elías Jassán, ministro de justicia. El hecho lo llevó a renunciar en junio de 1997. Pocos meses después, en octubre, el Partido Justicialista perdió las elecciones legislativas; lo mismo sucedería en las presidenciales del ‘99, con Duhalde como candidato.
Sin embargo, el desenlace más destacado fue el del propio Yabrán, a quien se le hizo imposible esconder sus vínculos clandestinos con la policía y el Estado. No pasó mucho tiempo para que el empresario comenzara a desfilar ante las cámaras. Incluso visitó la Casa Rosada, donde se lo fotografió pidiendo justicia por Cabezas.

El 15 de mayo de 1998 se emitió una orden de captura internacional para Yabrán. Se lo habría juzgado como autor intelectual de no ser porque solo cinco días después, atrincherado en uno de sus campos en Entre Ríos y a punto de ser detenido, el empresario se suicidó.
El legado de José Luis Cabezas
En toda Argentina hay memoriales en honor a Cabezas, símbolo de la profesión de reportero gráfico. A día de hoy, de los condenados por su atroz crimen, siete obtuvieron prisión domiciliaria, libertad condicional o libertad por cumplir la sentencia; otros dos murieron en la cárcel.
Para este aniversario, su familia organizará un homenaje virtual a través de Zoom en su honor. Además, hay actos en Pinamar y General Madariaga cada año para recordarlo, así como en plazas de todo el país. José Luis Cabezas es sinónimo de la lucha por la libertad de expresión en el ejercicio del periodismo. Su feroz y trágico final ilustra las injusticias que a veces tiñen esa lucha.

El crimen del 25 de enero de 1997, que cumple 25 años hoy, permanece aún intacto en la memoria colectiva como un símbolo de la batalla frente a las grandes tramas y poderes que se ocultan en la clandestinidad. Hoy, retumba más fuerte que nunca la frase con la que se lo recuerda desde hace más de dos décadas: “no se olviden de Cabezas”.
Escrito por Manuel Román
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