Las sectas y cultos llaman la atención por su enorme capacidad de captación e influencia. La recientemente desarticulada Escuela de Yoga contaba, según la causa, con 179 alumnos. La comunidad Meditazen, fundada por Ricardo Javier Ocampo, conocido como Maestro Amor, tenía 200 habitantes. El líder espiritual indio Sai Baba consiguió que millones de personas en el mundo lo siguieran. En Argentina, el grupo que le rinde culto a este gurú cuenta, según su página web, con 16 centros distribuidos en todo el país. La página de Facebook creada para administrar donaciones y recursos de la organización Sai Baba en Argentina tiene 1.507 seguidores.
Quizás los números no sean exagerados. Pero sí puede llegar a serlo el tiempo que llevan funcionando estos grupos espirituales. La fundación que le rinde culto a Sai Baba existe desde 1987. Esto a pesar de las acusaciones por abusos sexuales, lavado de dinero y asesinatos que recibió. De todas formas, Sai Baba nunca fue procesado por ninguno de estos delitos.

La comunidad que formó el Maestro Amor en 2001 continúa teniendo adeptos al día de hoy. Cuenta con 1.800 seguidores en la página de Facebook que lleva su nombre. No obstante su líder fue condenado en 2014 por abuso sexual y corrupción de menores.
La Escuela de Yoga de Buenos Aires, liderada por Juan Percowicz, operó durante 30 años. Actualmente 19 integrantes fueron detenidos y acusados de delitos como trata de personas, hurto agravado, lavado de activos y ejercicio ilegal de la medicina.
Qué son las sectas
Las sectas suelen estar asociadas típicamente a grupos religiosos. Sin embargo, algunos autores prefieren referirse a ellas como “grupos con prácticas sectarias”. Esto porque, según el sociólogo Richard Ofshe, el problema con las sectas no es el contenido de sus mensajes. Sí lo son, en cambio, las formas de organización que tienen y las tácticas que emplean.
La Asociación Internacional de Estudios Culticos (ICSA), organización sin fines de lucro que estudia este tipo de grupos, define una secta como una organización ideológica. Este tipo de organización se caracteriza por permanecer unida mediante relaciones carismáticas y demandar altos niveles de compromiso.
El psicólogo Michael Langone, director ejecutivo de ICSA, profundizó un poco más la definición. Serían, entonces, un grupo o asociación que exige una completa devoción de sus miembros a una persona o idea. Para ello emplean técnicas de persuasión, manipulación y control a fin de conseguir los objetivos impuestos por el líder, lo que genera una total dependencia del grupo a sus adeptos.
Para el psiquiatra Robert Lifton, estos grupos tienen un líder carismático, utilizan formas de coerción persuasiva y explotan sexual o económicamente a sus miembros.

En el caso de la Escuela de Yoga de Buenos Aires, según cuenta Pablo Salum, el líder de la secta era Juan Percowicz. Este último decía tener la misión de reclutar gente para salvar a la humanidad y se hacía llamar “El Ángel” o “Maestro”. Salum supo ser integrante de la secta y, posteriormente, terminaría denunciando algunos de sus delitos tras escaparse.
Según relató, Percowicz atraía gente prometiendo felicidad, bienestar y sanación. En algunos casos hasta prometía curar enfermedades como el SIDA. Había estructurado una jerarquía de poderes a la que sus miembros podían acceder y ascender dentro de ella realizando tareas. En muchos casos esas tareas implicaban ofrecerse para actividades sexuales.
Cómo reclutan gente y por qué es tan difícil salir de ellas
El grupo sectario ejerce un tipo de influencia particular en sus miembros para que mantengan ciertas actitudes y ciertas prácticas. Según explican miembros de la Universidad de Sevilla en el texto “Cambios de actitud y comunicación persuasiva”, las sectas obligan a romper con otros grupos. Es decir, si cualquier individuo tiene múltiples grupos a los que pertenece, quien está dentro de una secta pertenece exclusivamente a ella. Además, su identidad se define en relación con ese grupo sectario. De modo que un individuo no tiene identidad fuera de las normas que prescribe la secta y su vida está centrada en ellas.
Ante la ruptura del individuo con otros grupos, la secta refuerza la unidad al suprimir cualquier canal de comunicación externo a ella. Esto hace que sea más difícil para un individuo abandonarlo ya que se encuentra prácticamente aislado.
Ingresar a un grupo con prácticas sectarias tiene, según los autores del texto antes mencionado, tres etapas. Estas son: la captación, la conversión y el adoctrinamiento.
Captación y conversión
Hay determinados factores que pueden volver a un individuo vulnerable a la influencia de las sectas. La angustia y la insatisfacción cotidiana, la necesidad de cariño y una comunicación familiar pobre pueden ser algunos.
A partir del primer contacto con el grupo sectario, la atención, el afecto y la ayuda hacia el individuo se extreman. Hay manifestaciones de confianza hacia el individuo, con la intención de mejorar su autoestima y su seguridad.
La influencia se vuelve más fácil cuando se controla el ambiente porque permite emplear con mayor eficacia técnicas de presión grupal. Por eso se intenta que los individuos asistan a cursos, seminarios y convivencias que organiza el grupo.
La conversión se inicia cuando el individuo comienza a participar regularmente en el grupo y su resistencia se vuelve más dócil. En esta parte del proceso, el grupo tiene como objetivo principal reemplazar el sistema de creencias del individuo por el propio.
Adoctrinamiento
En esta parte del proceso se pretende mantener el sistema de creencias que el individuo incorporó del grupo. Para ello, las sectas aprovechan el aislamiento que lograron en el individuo y la manipulación del entorno.
Durante esta etapa se suele provocar un sentimiento de culpa en el individuo por su vida anterior. Suelen inducir rechazo hacia la sociedad y sus instituciones, reforzar la validez del líder y proveer contraargumentos ante posibles objeciones contra su sistema de creencias.
Con el objetivo de anular el pensamiento individual y crítico se suele realizar diferentes prácticas nocivas. Por ejemplo, asignar tareas repetitivas con poca actividad intelectual, causar fatiga y controlar exhaustivamente el tiempo. A veces pueden emplearse técnicas más extremas como deteriorar las condiciones físicas del individuo mediante trabajos excesivos, falta de sueño y dieta escasa. También suelen castigar el comportamiento individualista y la desobediencia.
Además, se suele premiar y castigar a los individuos para fortalecer determinados tipos de conducta. También se suelen realizar rituales destinados a romper con todo aquello relacionado con la vida del individuo previa a su incorporación dentro del grupo. Esto último con el objetivo de reforzar su aislamiento e imposibilitar referencias externas.
Es mediante este proceso que se dificulta escapar de la influencia de la secta y abandonarlas.
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